The Travel
Bolivia y Perú - 2008-08
martedì, agosto 24, 2008, 09:22 PM - Perú

Ya cumplimos cuatro meses viajando desde que salimos de Buenos Aires el 6 de mayo.
Atravesamos el campo argentino, Paraguay, la costa de Brasil hasta Río.
En Río decidimos salir de Brasil por varios motivos:
El mal estado en las carreteras.
La ausencia del barco que nos cruce desde algún puerto de Brasil hasta Panamá.
La inseguridad.
Los precios demasiados caros.
La cantidad de prohibiciones para entrar con un perro a plazas, parques y playas.
Llegaremos entonces a Colombia donde  embarcaremos hacia Panamá, atravesando Bolivia, Perú y Ecuador.

En Julio recorrimos las últimas ciudades de Brasil, como Campo Grande.
Encontramos siempre en nuestro camino gente linda.
Y finalmente llegamos a Corumbá, en la frontera con Bolivia.
Una ciudad pequeña, ordenada, limpia, pero sin demasiado encanto.
En el Consulado de Bolivia nos informaron que con un certificado de buena salud de Charlie, era suficiente para entrar.
En el mismo consulado un muchacho que pasaba por la puerta y vio la camioneta con patente italiana se presentó.
Niccola es un italiano de 40 años que hace 12 años vive en esta ciudad.

Como el reloj marcaba las 12  lo invitamos a almorzar.
Nos llevó a un restaurante del pueblo.
Charlamos y  nos ofreció presentarnos a su mujer Helen para que ella nos muestre el Shopping libre de impuestos.
El detalle particular de este Shopping es que está en el país vecino.
Aceptamos la propuesta y Niccola combinó  por teléfono con Helen.
El regresó a su trabajo y nosotros fuimos  al veterinario.

Al rato nos pasó a buscar Helen, una brasilera de 34 años, delgada y de piel morena.
En el camino dejamos a Charlie en su casa jugando con sus dos perros.
Cruzamos ilegalmente la frontera en una tarde de sol y calor sofocante.
Como estábamos en un auto con patente de Corumbá, nadie nos detuvo el auto ni nos pidió documentos.
Helen vestía de manera sencilla: remera de algodón, jeans, zapatillas, no usaba maquillaje ni aros.
Su mirada triste y con falta de entusiasmo, despertaron en Paolo las ganas de ser él quien le devolvía la alegría.

Estudió y se recibió en Letras.
Vivió con Nicolla 4 años en Italia.
Pero habla el italiano con dificultad.
Al igual que nosotros el portugués.
Aparentemente estaba atravesando una crisis.
Parecía querer cambiar algo o todo de su vida.
Se la veía aburrida, tanto que Paolo que la veía linda, la invitó a viajar con nosotros.
Helen  logró esbozar apenas un par de sonrisas en las horas que compartimos juntos.
Y fue justamente eso que enamoró a Paolo de ella.

Terminamos el  paseo como clandestinos y regresamos a Brasil, a la hora que Niccola salía de trabajar.
Nos invitó a  tomar una cervecita.Helen  prefirió regresar a su casa.
Nos fuimos los tres al único bar con vista al Río Paraguay a mirar la puesta del sol.
Niccola nos contó de su tranquila vida como Profesor de idioma y de Técnico ISO 9001 en una empresa de metales.
Comimos una pizza y sobre el final llegó Helen con su amiga Gabriela.
Niccola nos presentó a la dueña del Bar-Restó, una brasilera de 55 años ,separada de un  italiano.
Y también a su simpatiquísima hija que cantó M.P.B. (música popular brasilera) amenizando la cálida noche pueblerina.
Increíble que en este viaje hasta en el último pueblo, encontramos italianos o amantes de ese país con los que pude practicar el idioma.

Dormimos ese 14 de julio estacionados frente a la puerta de la casa de Niccola y Helen.
A la mañana siguiente nos dirigimos nuevamente a la frontera pero esta vez para cruzar legalmente.
Nuestra sorpresa fue descubrir que los trámites se inician en la ciudad.
Lástima que en el Consulado no se le ocurrió informarnos de este pequeño detalle.
Pagamos el peaje por segunda vez para regresar al centro e iniciar los trámites.
Después de horas de BUROCRACIA, esperando a quien debía atendernos pero estaba en una reunión, logramos finalizar los aburridos trámites y salir del país, terminando los   lentísimos sellados en la misma frontera.

Exactamente dos meses después que entramos a Brasil, el 15 del julio 2008 entramos a Bolivia.
Ya en los primeros metros encontramos un fuerte contraste entre  los dos países.
Las calles: en Brasil de asfalto, en Bolivia de tierra.
El peaje en Brasil: con su garita, su barrera, su cartel con las tarifas, la empleada con su uniforme que te entrega el comprobante de pago impreso con el logo de la empresa.
El Peaje en Bolivia: un muchacho vestido informalmente, parado en el medio de la calle de tierra, arriesgándose a ser atropellado que hace señas para indicar que detengas el auto, te cobra la misma cifra de un real o 6 bolivianos y a cambio te entrega un precario papelito, que no explica el oculto motivo por el cual te están cobrando.

Nos damos cuenta en minutos entramos en un pintoresco otro mundo.
Un detalle particular es la gasolina: muchos autos de Corumbá, cruzan cada día a Bolivia a comprar combustible.
Pero no lo hacen en las Estaciones de Servicio, sino en las casas de familia.
En los patios de las casas los  niños juegan entre las botellas de plásticos recargadas de nafta, donde uno estaciona su auto y con un embudo va llenado tanque por la mitad del precio.
Visitamos  por segunda vez el Shopping Zona Franca y esta vez compramos dos computadoras portátiles más chiquitas.

En las dos horas que estuvimos estacionados generamos  una enorme mancha de gasoil  en la tierra producto de una importante pérdida de nuestra camioneta.
Por suerte esa misma tarde encontramos un mecánico que  nos arregló el flotante. Lamentablemente ya  habíamos perdido 30 litros, pero nos evitó de perder los 30 litros restantes.
Dormimos en un hotelito muy precario, donde la ducha transmitía electricidad a través de la canilla, motivo por el cual para evitar morir electrocutados nos duchamos con las ojotas de goma puestas.
Charlie sufrió un inmenso stress en  puerta del hotel  atado a la Bambi, pues se enfrentó con la realidad canina Boliviana.
Callejeros, hostiles y agresivos.

A diferencia de Brasil donde hay carteles de prohibido entrar con el perro en  playas y parques.
En Bolivia, no hay carteles de prohibido ni carteles de ningún tipo.
Por lo menos en los siguientes 700 km. de pueblitos que recorrimos.
“ Este es el ombligo del mundo donde las reglas no existen, existen sólo las excepciones”_
 Como dice Jovanotti.
Dormimos dos noches en Puerto Quijarro.
Estar en  pueblos de frontera es una experiencia particular.
Existe un intercambio de gente y productos que me generan una  incómoda adrenalina.

Comenzamos a recorrer Bolivia.
En el camino paramos a dormir en SAN JOSE DE LOS CHIQUITOS.
Se nos vino la noche y no teníamos más gasoil, pues después de perder esos 30 litros no logramos encontrar, es decir no existía, ni una Estación de Servicio..
Opción 1: quedarnos a vivir en San José de los Chiquitos.
Opción 2: conseguir gasoil de alguna manera.

Paramos a un camión y le pedimos que nos venda  los 20 litros que según lo calculado era suficiente para llegar a Santa Cruz de la Sierra.
Estábamos dispuestos a pagar en dólares, euros, u oro si era necesario.
Pero el camionero muy honestamente nos lo vendió a 6 bolivianos el litro, es decir un dólar el litro.
Ya con el tanque tranquilo nos fuimos a la Plaza Principal.
Nos sorprendió su hermosa Iglesia de piedra de la época de los Jesuitas del 1.742
Y nos acordamos que el Cónsul Boliviano en Río nos recomendó especialmente el circuito jesuítico de esta zona.
No lo hicimos por que significaba muchos más km y gasoil.

  
Sentándonos a comer encontramos a un argentino del Santa Cruz fanático de Bolivia que hace 20 años toma sus vacaciones en este país y nos marcó en el mapa los lugares recomendados para conocer.
Nos invitó a comer juntos y nos contó como su padre, madre y dos hermanos murieron de Cáncer, quedando el único sobreviviente de su familia.
Los 700km que recorrimos desde la frontera en Puerto Quijarro hasta llegar a Santa Cruz fueron los peores hasta el momento.
Pero los últimos 200 desde San José de los Chiquitos, fueron realmente  duros.
Y nos significó 12horas.
En todos los mapas figuraba una Ruta con tramos de ripio y tramos de asfalto.
El Cónsul y los camioneros profesionales nos aseguraban  su buen estado.

Deberían eliminar esta ruta de los mapas hasta el momento que verdaderamente exista.
Y según un grupo de técnicos de la Astaldi, una empresa italiana que está construyendo la ruta como donación de los países de Europa a Bolivia, proyectan pero no aseguran que un año la ruta existirá.
Al día de hoy la cruel realidad que experimentamos fue de unos pocos kilómetos de asfalto y el resto de tierra con piedras y pozos que iba empeorando km a km.
 AGOTADOR!
Paolo manejó más allá de las fuerzas humanas y Charlie se aguantó la prueba más dura de sus 9 meses.
Llegamos con un cansancio supremo y contracturas que nos duró días.
La camioneta cubierta de un polvo fino como talco que nos costó un trabajo de muchas horas limpiar y una perforación en el tren delantero que facilitaba la pérdida de mucho líquido de la dirección hidráulica.

Afortunadamente en Santa Cruz de la Sierra, pudimos contar con la hospitalidad de  una familia que nos ofreció hospedaje en su casa y nos permitió bajar todos y cada uno nuestros objetos para limpiar.
Es una familia Peruana que desde hace 5 años están viviendo en Santa Cruz de la Sierra.
Ellos son mi padre Jaime, un Ingeniero electrónico de 60 años, su mujer Mary una psicóloga de 50 años, y mis hermanas Yuriko, estudiante de odontología de 24 años y Daniela estudiante de secundario de 14 años.
Les comenté por  e-mail que cruzaríamos Bolivia por Santa Cruz de la Sierra y nos demostramos muy buena onda, ofreciéndonos lo mejor que tienen.
Compartimos desde la mañana a la noche sus ritmos, sus comidas, sus gustos y paseos. En la foto/In the picture: Yuriko Yamamoto.

Dejamos la camioneta en un mecánico de la IVECO y vivimos 15 días juntos. En la foto: Jaime, Emiko, Yurijo Daniela y Mary Yamamoto.
Durante nuestra estadía en su casa, nos ayudaron en todo con entusiasmo.
Son una familia de muy  buenos sentimientos los Yamamoto.
Mis hermanas fueron dulces y cariñosas.
Y Mary expresó cada día una buena onda increíble.
Es una gran mujer.
Gracias Mary!
Pero para mí no fue fácil vivir en casa de mi padre.
Sin comunicarlo, experimenté una amplia gama de sensaciones y sentimientos: alegría, bronca, incomodidad, indiferencia, celos, ternura.
Mi pasado por momentos se imponía y no me dejaba disfrutar con tranquilidad el presente.
Aunque en los últimos días en su casa me sentí asfixiada y atrapada en esta situación de tensión psicológica, hoy a la distancia estoy contenta de haber podido conocer un poquito más a mi papá y a su familia.

Yuriko Yamamoto, Paolo e Emiko Zanaboni

Mi padre.
Se inventó un trabajo muy divertido e interesante: venta de instalaciones de juegos para niños. También maneja la mejor instalación de la ciudad en el zoológico: está siempre llena de nenes, que le permite ganar muy buen dinero, y también le sirve como muestra y como perfecta publicidad para la venta.
En realidad, lo conozco poco: no sé quien es, no sé como piensa, como siente.
Lo sentí lejano y me resultó difícil acercarme.
Y por momentos casi no sabía ni como nombrarlo.
Y sobre todo no lo entiendo.
No entiendo porqué ese rotundo silencio de 30 años.
No sé que pasó.
Y no me animé a preguntarle.
Pero rescato que en esta oportunidad nos ayudó mucho: hospedándonos en su casa, con muy buena onda y disponibilidad, con la Bambi.
Y con Paolo se llevaron muy bien.
Como me dice Paolo cuando llegue el momento me saldrá naturalmente preguntarle.

 

Santa Cruz es una ciudad en pleno desarrollo hecha en su diseño urbanístico de anillos.
Tiene universidades, hoteles 5 estrellas, casas grandes, barrios cerrados con guardia de seguridad, muchas camionetas 4x4, Shopping con multicines, un aeropuerto internacional y al mismo tiempo cholas vendiendo mandarinas en las calles de tierra.
Es una ciudad que sigue creciendo pero todavía me pareció culturalmente chata.
De todas maneras los Yamamoto nos invitaron a una Feria de las Naciones en la Plaza Principal, con danzas folklóricas y comidas típicas, que disfrutamos mucho.

Saliendo de Santa Cruz camino a Cochabamba dormimos en Chimoré un pequeño pueblito, donde asomó nuevamente la Bolivia pobre.
Llegamos en un día de aniversario y vimos desfiles alrededor de la plaza donde estábamos estacionados.
Pero también vimos  por la ventanilla de la camioneta a  mujeres trabajar la tierra.

Llegamos a Cochabamba: una ciudad grande con  encanto.
Tiene una linda plaza principal, algunos barcitos lindos para turistas, un teatro grande y colonial y otro muy pequeño y alternativo, donde fuimos a ver una obra de estudiantes de teatro y se nos desveló la absoluta pobreza actoral.
La terminal de colectivos es desordenada, sucia y peligrosa.
Hicimos una visita guiada a un excéntrico castillo del 1930, de un ecléctico minero cochabambino.

Conocimos alemanes, ingleses, sur africanos, franceses y compartimos un almuerzo en casa de Mathias, un alemán que decidió jubilarse en Bolivia y que le gusta hospedar a viajeros, que cocinó para todos.
Escuchamos la triste historia de una amiga  que se encontraba  atrapada en éstas latitudes esperando recuperar sus documentos que le robaron apenas pisó Cochabamba.
La primera noche el frío intenso se hizo sentir y por primera vez en Bolivia y en este viaje nos enfermamos con un fuerte dolor de garganta que hizo todo su proceso durante la siguiente semana.
En el camino hacia La Paz sentí el malestar de la falta de oxígeno a 4.500 metros sobre el nivel del mar y atravesamos la cordillera pincelada de nieve.

En los peajes las mujeres vendiendo bolsas de naranjas por 5 bolivianos.
A los costados de la ruta, en cada casa o ranchito se veían colgadas tres banderas: la de Bolivia (roja, amarilla, verde), la de los campesinos (multicolor) y la del partido de Evo (azul y negra). 
La Paz, es la sede de gobierno más alta de mundo a 3.600 metros sobre el nivel del mar.
 Es una ciudad colorida, limpia, tranquila, pintoresca, silenciosa.
Estuvimos el día del referéndum revocatorio donde el pueblo eligió una vez más al presidente Evo Morales.
Muchas opiniones divididas a favor, en contra y denuncias de irregularidades en las urnas de votaciones.
El clima en las calles fue tranquilo y no  presenciamos violencia de ningún tipo.

Durante el día el sol calentaba mucho y durante la noche el frío era intenso.
Descansamos en un Hotel y nos recuperamos del resfrío y festejamos el 11 de agosto el cumpleaños de Paolo, su tercer cumpleaños en Sur América.
El primero en Chile, el segundo en Argentina y el tercero en Bolivia.
También hicimos muchísimos trámites en el consulado y organismos de sanidad, para tener todos los permisos que supuestamente  pedían para ingresas a Perú con Charlie.
Dejamos 111 dólares!

Partimos rumbo a Perú, pasamos el pueblo de Tiahuanacu, donde hay museos y ruinas.
Bordeamos un pedacito del majestuoso Lago Titicaca.
Por el atardecer llegamos a la frontera a punto de vencer nuestro permiso de estadía como turista de un mes.
Cruzamos por primera vez una frontera de tarde- noche y nos costó 70 soles completar el trámite de importación de Charlie.
Lamentablemente nos dimos cuenta que fuimos estafados por el consulado Peruano en La Paz.
Nadie nos pidió los sellos que tantos dólares nos costó.
En la frontera misma entendimos la fuerte tendencia estafadora de algunos Peruanos.
Dormimos literalmente a centímetros del límite entre países, pues a esa hora, frente a la Aduana, era el lugar menos peligroso.
 Estábamos a mucha altura, motivo por el cual dormimos a10 grados bajo cero.
Tuvimos que comprar dos frazadas en la calle más para sobrevivir a la noche.
En esa cuadra se cambia dinero en puestitos precarios en la calle y se venden frasadas y gorros de lana.

Al día siguiente llegamos a Puno, una ciudad caótica.
Entramos para hacer un Seguro Nacional (SOAT) para  la camioneta que exigían como obligatorio.
Fue la primera vez que un policía Peruana nos paró para pedir una coima.
Esta rutina se repitió en cada pueblo del Perú y cada 200 km. sobre la Ruta Panamericana.
En el barrio más lindo de Lima, donde fue la última vez que aceptamos pagar:
“la colaboración para los muchachos”.

En Puno nos intentaron robar a plena luz del día en pleno centro y en la puerta de la agencia de seguros
La escena con dos hombres que intentaron distraerme con un cuento chino cada uno asomado a las ventanillas de la Bambi fue desagradable
Hace tres años, cuando Paolo conoció Puno, abrieron y robaron la Bambi.
Fue el único lugar de Sur América donde ocurrió esto.
Vimos absoluta pobreza en los pueblos que fuimos atravesando.
El paisaje de la naturaleza es de kilómetros y kilómetros de desierto.
De sur a norte por la costa de Perú la tierra es arenosa y pedregosa.
En el camino hacia Arequipa entre montañas áridas encontramos un Lago mágico.

Arequipa es una ciudad que mantiene su arquitectura colonial.
Las iglesias y casas hechas de piedras blancas.
Su Plaza Principal rodeada de edificios de dos pisos con galerías.
Su  enorme Catedral, El Monasterio de Santa Catalina y las iglesias más pequeñas  son preciosas.
Callecitas encantadoras, bares y restaurantes con terrazas panorámicas.
Sus volcanes que dominan la ciudad con su presencia y sus leyendas.
Probamos el intenso sabor del lomo de alpaca.
Miramos artesanías en bronce y tejidos lana.
Y hasta compramos algunas chucherías de recuerdo.

La primera noche conocimos a tres italianas, muy interesantes, que apoyaban un proyecto educativo de su maestro espiritual Peruano.
Tomamos té de coca frente al fuego de la chimenea del  hotel 5 estrellas donde estaban alojadas.
Conversamos de diferentes técnicas espirituales.
Y sobre el recorrido de cada una para alcanzar una vida más sana.

Durante el día el sol se hacía sentir y estábamos en musculosa y sombrero.
Cuando comenzaba a bajar el sol bajaba mucho la temperatura y estábamos con pulóver, poncho y gorro de lana. 
Compartimos un café con una linda pareja de Roma.
Hablamos de los clásicos del cine Italiano, de los buenos actores y directores.
Recorrimos el colorido Mercado Central.
Compramos quesos, panes, jugos de frutas y comimos muchas papas rellenas.

Después de una semana Arequipeña, partimos rumbo a Nazca.
En el camino  recorrimos 400  kilómetros de montaña desértica y mar pacífico gris.
 Y por la noche llegamos a la hostería WASIPUNKO, 5 kilómetros antes de Nazca.
Una hostería muy rústica con las habitaciones de barro e iluminadas por lámparas de petróleo, sin calefacción, pero con mucho arte.
La dueña Olivia es una  artista plástica Peruana de 60 años.
Creó Wasipunko sobre el terreno y casona de su padre.
Allí vive con sus dos hijos varones de 35 y 37  años, que la ayudan a llevar adelante este proyecto.

Formamos parte del ritual de la Pachamanca manera  antigua de cocinar las verduras y la carne con piedras calientes adentro de la tierra.
Se agradece a la madre tierra - Pachamama - dibujando una cruz con chicha morada.
Paolo comió tanta pachamanca que el tercer día se descompuso y estuvo 36 horas durmiendo para curarse.
Descasamos tres días en esta burbuja y bajo la hospitalidad y el encanto de Olivia y su familia.
Nos enriquecieron el alma con sus conversaciones, sus proyectos, sus cuadros y su manera tan tranquila de vivir.

Tomé una vieja avioneta para observar las enigmáticas Líneas de Nazca.
También subimos a un precario mirador que tendría que estar clausurado por falta de mantenimiento. Desde allí se ven dos figuras: el árbol y la mano.
Visitamos  el pueblito de Nazca: sucio, sórdido, inseguro.
Las bocinas sonaban  sin interrupción.
Visitamos al Mercado Central ubicado al lado del río, donde compramos las típicas ojotas hechas con las llantas viejas que usan los lugareños.
Les llaman “Yankees” y es el calzado más popular, barato y resistente.
Dura años.

Yo las uso desde que Charlie masticó mis Hawaianas brasileras. Desde entonces estoy con las Yankis  bolivianas, que son más difíciles de romper.
El único río que cruza Nazca está seco, pues llueve una sola vez al año muy poco.
 La gente lo usa como el basurero del pueblo.
El olor invade el Mercado.  Las moscas se apoyan sobre los productos a la venta (verduras y carnes). En este mercado no existen heladeras.
A pesar de esto el hambre nos apretó y decidimos almorzar en un pequeño restaurante.
Probamos la comida arequipeña y estuvo muy rica.

Llegamos a Ica, una pequeña ciudad un poco más  limpia que Nazca. Henry, nuestro nuevo amigo francés que hace dos años vive en este país, nos invitó a comer ceviche.
Compramos todo tipos de frutos de mar. Pero también en el Mercado de Ica todos los productos están envueltos en moscas.
Me sentí mal, un malestar me invadió, hasta que tuve que salir del mercado.
No obstante a la hora estábamos comiendo su ceviche con vino blanco.
Por suerte nos sentimos bien después del almuerzo.

Ica tiene rastros del terremoto: la iglesia en la plaza central todavía muestra partes derrumbadas.
Conversamos con  algunos habitantes de la zona y según sus relatos el terremoto duró dos minutos y medio y fue traumático.
Dejó muchas casas destruidas y todavía no lograron reconstruirlas, el gobierno hizo una campaña publicitaria donde prometía apoyo económico para la reconstrucción de casas, pero en la realidad nunca llegó, ni un ladrillo.
Dormimos en el medio del desierto de arena, en el pueblito de Huacachina que es un Oasis natural, con hoteles y bares alrededor.
Allí compartimos con Henry, somellier profesional, algunas copas de buen vino, comidas, charlas y un paseo por las dunas del desierto con su jeep.

Retomamos la panamericana hacia Lima.
Paramos en San Vicente de Cañete a comer una sopa de camarones.
INCREIBLE en alto sabor y en precio.
Llegamos a Lima el domingo 24  por la tarde, y festejamos todo el día, nuestros 10 meses de casados.
La primera impresión que tuve de Lima fue de una metrópoli enorme y bien desarrollada, con muchas calles, avenidas, autopistas, centros comerciales, cines, restaurantes, edificios altos,  museos, iglesias, plazas, autos  gente, la costanera y el mar.

Pero, durante los diez días que estuvimos en Lima vivimos una gran desilusión.
Por escuchar el ruido de las bocinas que los conductores usan constantemente.
Por los gritos del señor colgado con medio cuerpo afuera del mini colectivo, indicando en cada parada el destino.
También los taxistas no esperan ser llamados por el pasajero, y  ofrecen a cada ciudadano que consideran en situación de poder tomar un taxi, con varios bocinazos.
No se respetan  las reglas de tránsito, lo que transforma el hecho de manejar en Lima una situación de alto peligro y stress.
Cada producto que uno pretende consumir tiene precios diferentes para el local y para el turista.
Es muy fácil perderse por la falta de señalización de las calles.
Lamentablemente muchos barrios de Lima son muy sucios, descuidados y peligrosos.

Pero el centro histórico tiene una linda arquitectura en su casa de gobierno, sus iglesias y algunos barrios como Barranco, Miraflores y San Isidro, son muy lindos.
En Miraflores logramos volar en parapente gracias a Lucho, el instructor de Lima viejo amigo de Paolo, que nos cuidó y guió nuestro paseo sobre el mar.
Conocimos al cuñado de mi papá Tito Román un agente de seguridad de 50 años, su señora Lili de 47 años y su hijo Carlos estudiante de odontología 24.
La primera noche en Lima dormimos estacionados en la puerta de su casa.
Tito está encargado de la seguridad en el juicio al ex Presidente de Perú FUJIMORI.
Nos invito a participar de una audiencia, pero no tuvimos tiempo libre.
Los Román son una familia muy trabajadora que cada mañana a las 6:30hs salen de su casa.

La primera mañana en Lima, Lili Román, que pidió un día libre para atendernos, nos despertó golpeando suavemente  la ventanilla de la camioneta.
Nos ofreció un desayuno con café, pan fresco y jamón.
Nos invitó una ducha calentita y nos llevó a conocer un poco la ciudad hasta el Shopping de Plaza San Miguel.

Tito nos ofreció y les alquilamos una habitación en el segundo piso de su casa en Los Olivos, un barrio periférico muy alejado del centro.
Dormimos un par de noches allí, previa compra de una estufita eléctrica.
Y otras tres noches en diferentes hoteles de Miraflores, donde podíamos ducharnos.
Lo increíble es que en algunos hoteles aclaran que tiene como servicio agua caliente.
Lo que significa que hay hoteles donde no cuentan con ese servicio, como el caso de la habitación de Tito.

Encontré a mi abuela paterna Julia Nakano Yamamoto 83 años.
Nació en Kumamoto e inmigró a Perú después de la guerra
Regresó a Japón a trabajar y lo hizo durante diez años.
La pasamos a buscar por su casa en el barrio de Pueblo Libre.
Compartimos un café en un club japonés donde cada mañana va a jugar al cróquet.
Está llena de energía y alegría.
Se la ve enamorada de su marido Francisco del cual está casada hace 21 años.
Los dos fueron muy simpáticos y cariñosos. En Lima logramos arreglar mi camarita de fotos, pusimos bocina y luces más potentes a la camioneta, mejoramos los frenos y armamos un sistema de ventilación al motor.
Preparamos  la Bambi para afrontar La Cordillera Blanca Peruana los primeros días de  septiembre.
El último día en Lima visitamos a mi tía Norma Colán de 55 años.
Nos recibió en su casa del barrio de San Borja y nos preparó un rico almuerzo casero: sopa de verduras, guiso de pollo con papas y torta de chocolate que nos llevamos para el viaje.
Así terminamos el mes de agosto, con la triste sorpresa de Perú.
Su naturaleza desértica a lo largo de la costa, la pobreza en cada pueblito por donde pasamos.
La falta de simpatía en la gente.

La cantidad de basura a los  costados de la Panamericana, en los ríos, en los pueblos, es alarmante (NO EXISTEN TACHOS DE BASURA). Los roban para vender como chatarra al igual que las tapas de las cloacas.
La relación calidad- precios en hotelería está pervertida.
Los precios son extremadamente altos en museos y ruinas.
Pero por lo menos la comida es variada y con mucho sabor.
Ceviche, papa a la huancaina, ají de gallina, tiradito de pescado.
Y las bebidas son variadas: chicha morada, el jugo de papaya, jugo de maracuyá, el pisco y una jarra de limonada a cualquier hora del día es siempre refrescante y económico.

 

Por esas sorpresas de los viajes, este mes tuvo el plus de permitirme  un recorrido por  mis raíces.
Pude mirar algunas ramas de mi árbol.
Mi padre y mis hermanas en Bolivia.
Mi abuela paterna en Perú.
Y hasta tías que ni imaginaba tener.
Lástima que no logré conocer a mis primos hermanos Paul y Percy Yamamoto.
Lástima que no logré ver a mi tío Jorge y a la tía Chie Yamamoto .
Ni tampoco a la tía Pety Colán.
Igual fue un viaje en el viaje: muy enriquecedor e iluminante.