The Travel
Ecuador Operación - 2008-11
lunedì, noviembre 20, 2008, 08:04 PM - Argentina

Noviembre 2008 fue decididamente un mes especial. El 31 de octubre estaba volando en parapente en Crucita, costa del sol ecuatoriana, y al final del vuelo más lindo de mi vida, sufrí el accidente más feo. Me trasladaron en ambulancia a Portoviejo, la ciudad más cercana que queda a unos 30 kilómetros de distancia. Después de haber evaluado todas las alternativas, decidimos operarme en este lugar desconocido y aparentemente poco desarrollado, evitando de ésta manera los riesgos de un traslado. Gracias al nuevo hospital Solca-Manabí, que es en realidad un oncológico pero también permite en su quirófano realizar las operaciones traumatológicas más complejas. Gracias al Doctor Antonio Sánchez Delgado que es un profesional calificado y una excelente persona. Él me cortará la espalda para poner tornillos en D12 y L2 y dos varitas que estabilizarán mi vertebrita L1 aplastada. Además en el impacto, también sufrí una fractura de la pelvis, que, como una costilla, se reparará sola en 4 semanas.

Paolo se portó como un gran compañero, hizo más por mí en este mes de lo que yo hubiese podido hacer por él en toda mi vida. ¿Creen que estoy exagerando? No lo estoy. A la distancia el Doctor Hugo Previgliano, mi tío el Doctor Jorje Rivera y el primo de Paolo el Doctor David Di Mattia, controlaron que todo esté OK. Paolo pidió ayuda a mi tía Mónica, que viajó desde Buenos Aires para estar con nosotros y nos acompaño durante 15 días, las 24 horas. Su presencia fue fundamental en todos los momentos, especialmente los en que decaían nuestras fuerzas. Maternal y equilibrada compartió con nosotros su energía, sus caricias y sus sonrisas. El tío Eduardo nos la prestó y sabemos bien cuanto le costó. Gracias tíos Mónica y Eduardo.

El 5 de noviembre entré en el quirófano sonriendo, pues mi único temor no era la operación en sí, sino el pinchazo en la vena para suministrarme la anestesia. Pero la realidad fue que sentí un frió polar y lloré a los gritos del dolor en la espalda, mientras que no sufrí cuando me pincharon el brazo. La operación fue un dulce sueño y un éxito. Gracias Antonio. Por casi dos días permanecí tirada en la cama con mucho dolor y muy deprimida. No fue mi mejor momento. Al séptimo día de toda una semana en posición horizontal, Antonio me hizo sentar. Quien se lo hubiese imaginado? Nos parecía una locura, pero, gracias a esto, me volvió el alma al cuerpo. Volver a ver el mundo desde ésta posición me llenó de alegría y hasta alcanzaba a espiar a través de la ventana los árboles del exterior. Que bueno!

Al octavo día Antonio me hizo parar mientras que Paolo y la tía Mónica me sostenían para dar mis dos primeros pasos! Los labios y la cara pálidos me hicieron volver rápido a la cama, pero que gran logro!! Esa misma tarde Paolo improvisó un andador con una mesa de rueditas y me ayudó a caminar 10 pasos hasta la ventana. Increíiible! Desde allí pude ver la Bambi que me esperaba en el estacionamiento. Significó una gran emoción!

El día 10 de noviembre me dieron el alta y salimos del hospital con mi andador de aluminio, pues la segunda fractura de la pelvis me impedía apoyar el pie izquierdo. Nos vino a buscar nuestro amigo Fiore en su camioneta y recorrimos muy lentamente los 30 km hasta Crucita, el pueblito sobre el mar donde empezó todo.

Su mujer Janet y su hija Nicole nos esperaban en su casa con canelones caseros. Con ellos, y con muchos otros amigos, compartimos los siguientes días de descanso y recuperación.

Decidimos quedarnos en la misma hostería Los Voladores, donde estábamos hasta el día del accidente y donde Charlie nos estaba esperando. Nos reencontramos con nuestro hermoso perrito después de 10 días en los cuales lo extrañamos un montón. Fue una inmensa alegría. Charlie estuvo un poco triste pero con suerte en compañía de su amigo Fuego, un labrador con el cual pudo jugar, no la pasó tan mal. Los dueños de la hostería Janeth y Lucho, lo cuidaron y lo alimentaron, mientras que sus hijitos, Andrés y Jordi jugaron con él y lo mimaron.

El resto del mes en Crucita, recibimos la visita de nuestros nuevos amigos compartiendo charlas y sonrisas. Ruth, en cada oportunidad, nos traía unos deliciosos mangos de su árbol.

Comimos varias veces en casa de Fiore y Janet. Después de la comida jugaban a las cartas. Paolo le ganaba a Fiore y luego Janet le ganaba a Paolo.

Paolo seguía volando en parapente. La tía se atrevió a volar en bipla. Fue entusiasmante. La tía es una persona llena de sorpresas. Baila, vuela, ayuda. una genia!

Con Fiore, Janet, Lucho y Gina, Paolo pasaba las mañanas recorriendo los caminos costeros en bicicleta. Disfrutamos del mar y el sol.

En el malecón de Crucita había un barco en construcción. La tía y Paolo participaron de la tradicional fiesta que se hace el día antes de botarlo.

Paolo y Fiore fueron los dos primeros italianos en organizar un "asado argentino" en Ecuador. Vinieron todos los médicos que me operaron. En realidad, este asado era una apuesta que perdí con mi anestesista, el Doctor Farid. En el quirófano, Farid me apostó que el pinchazo en la vena no me causaría ningún dolor. Cómo ya todos saben que él no pierde ninguna apuesta cuando se trata de comida, hizo trampa: me durmió con la mascarilla, y me despertó solo para demostrarme que había ganado.

Una tarde regresamos a Portoviejo para llevar a la tía a tomar el colectivo de regreso a Guayaquil, para tomar el avión a Buenos Aires.

Las últimas semanas recibimos la visita de mi mamá y la mamá de Paolo.

El último fin de semana llegaron desde Guayaquil a visitarnos nuestros amigos argentinos Mirko y Loa.

Mirko hizo el mejor asado que comí en mi vida!!! Fue la mejor despedida que podía haber soñado. Vinieron 25 personas divertidas y sumamente interesantes, que de una u otra manera nos ayudaron en esta difícil circunstancia. Durante el asado Paolo presentó un pintor argentino, Ismael Olavarrieta y un coleccionista de arte chileno, Gustavo Munizaga a un galerista de Arte (Mirko). Y conectó al Doctor Antonio Sánchez con el Doctor Marco Albuja, que tiene una transmisión televisiva bien conocida en Ecuador. A esta altura ya caminaba sin andador.

El último día del mes, a un mes exacto del accidente, recorrimos con la Bambi y Charlie 200km hasta Guayaquil para tomar el avión hasta Buenos Aires donde pasaremos diciembre en nuestra casita, para recuperarnos de todo este intenso periodo.

Las enfermedades, los accidentes, las dificultades son difíciles de transitar para el que las sufre, pero creo que son más difíciles todavía para el que asume el rol de acompañante.

A quienes me acompañaron va dedicado este capítulo. Pero no los nombraré pues sería una lista muy larga. Algunos estuvieron en persona, otros a través de sus llamados, con sus e-mails o sus pensamientos. Cada uno sabe y a cada uno le estoy agradeciendo personalmente con amor por su amor. Gracias!!!

No es fácil escribir éstas páginas.sin que los renglones se tornen pesados de escribir y de leer. Sobretodo cuando esta bitácora de viaje surgió como una manera de contar este movimiento por las tierras, los paisajes, los climas, la gente, las costumbres que veíamos en los países de sur América.

No fue mi mejor momento. Pero más allá del daño físico, este accidente trajo muchas cosas positivas: amigos nuevos, el afecto de los viejos amigos y el amor de la familia. Conocí lo que significan las noches de insomnio y encontrarme cara a cara con mis miedos. Y el desafío de afrontar el dolor y la depresión con paciencia y confianza. Hay que decir que desde el desconocido personal del hospital hasta los profesionales amigos de Buenos Aires, recibí toda la ayuda que necesitaba para superarlo. Ya puedo decirlo: pasar un tiempo en un hospital, fue una experiencia interesante, porque descubrí que en un hospital se achica la distancia con la vida de los otros y sus sentimientos. Y yo estaba justo en el medio.

En el Solca-Manabí conocí a profesionales humanamente muy válidos, médicos infalibles y vecinos de habitación que sufrían más aún que yo. Empecé el mes totalmente inmovilizada con una faja en una cama de hospital. Enfrenté la operación más importante de mi vida (de echo, la única) y después de días en quietud mi viaje consintió en volver a caminar. Gracias por haber leído. Te deseo que puedas pasar las fiestas en armonía, rodeado de tus afectos, y reanudar un nuevo año. de pie.