The Travel
Panamá - 2009-11
viernes, noviembre 28, 2009, 08:25PM - Panamá

Empezamos el mes de noviembre saliendo de la Ciudad de Panamá, para recorrer el país. Lo primero que teníamos en mente era conocer el Canal de Panamá.
Hay dos puentes que cruzan el canal: el Puente de Las Américas que se encuentra pegado a Panama City, y el Puente Centenario que se encuentra a unos kilómetros de la ciudad, tierra adentro.

Nos costó llegar al Puente Centenario, por la carencia de señalización indicativa, y una vez delante del puente nos llamó la atención la ausencia total de carteles informativos por ejemplo con el nombre del arquitecto o la fecha de su construcción.
Centenario de que? La pregunta queda en el aire.
Solo había un modesto cartel su nombre y otro cartel con la prohibición de detenerse. Abajo del puente está la famosa compuerta de Miraflores y sobre el no hay ningún sector para poder mira la compuerta y sacar una foto de recuerdo.

Panamá, con sus 2.800.000 de habitantes y sus 75.000 kilómetros cuadrados, es el país más chico de Latinoamérica que visitamos hasta ahora.
Limita con Colombia al este y con Costa Rica al oeste, con el Mar Caribe al norte y con el Océano Pacífico al sur.
Tiene la forma de una franja horizontal angosta con solamente de 90 a 140 kilómetros de tierra entre los dos mares.

La Ruta Panamericana, que aquí le dicen Interamericana, atraviesa el país bordeando la Costa Pacífica y se corta en el Darién, dejando desconectado Panamá con Colombia.
Su recorrido no tiene más de 700 kilómetros y durante todo su trayecto se encuentran muy pocos carteles de señalización con información de los kilómetros.
Los pueblitos que fuimos atravesando son pequeños, no hay ciudades con infraestructura.
Hay sólo una única ciudad importante: Ciudad de Panamá y una segunda ciudad, más pequeña: David que queda a pocos kilómetros de la frontera con Costa Rica.

La Panamericana está en buen estado, sin pozos ni lomas de burro ya diferencia de Colombia no se encuentran controles de policía.
La única vez que nos pararon nos pidieron nuestros pasaportes, el permiso de ingreso de Charlie al país, y el permiso de la Bambi y pero su seguro.
Había bastantes carteles en español e inglés con ventas de resort, terrenos, casas hasta alquiler de . maridos?

De la Panamericana se desprenden solamente dos rutas que suben a la Costa del Caribe: una que va desde Ciudad de Panamá hasta Colon y la otra va desde la ciudad de David hasta Bocas del Toro.
En cambio una decena de rutas bajan de la Panamericana y llegan al Pacífico.
No existe una ruta costera que bordee el Mar Caribe, puesto que en esa franja, el país está poblado por dos Comarcas Aborígenes muy grandes: Ngöbë Bugle y Kuna Yala, quedando la zona protegida.

Debido a la pésima señalización de la ruta, sólo preguntando muchas veces pudimos encontrar el primer desvío hacia el mar.
El pueblo de Gorgona es muy pequeño, pero limpio y pintoresco, con sus casas de madera y adornos de cerámica colgados en las paredes exteriores del porche.
El mar, lamentablemente es marrón, demasiado agitado, y no nos despertó ganas de entrar en él, pero encontramos un camping en ruinas y entramos.
Este camping estaba abandonado pero tenía un espacio de pasto, una ducha al aire libre y una canilla, era bueno para estacionar y pasar la noche.
Ya cuando había oscurecido, apareció un señor con bastantes cervezas en la cabeza, que aseguró ser el cuidador de ese camping en decadencia.
Nos pidió 10 dólares y nos permitió enchufarnos a la electricidad.

Una canilla con agua y un enchufe, son motivos de felicidad para nosotros en éste viaje, ya que nos permite lavar ropa, limpiar la camioneta y llenar el tanque.
A su vez, la electricidad nos permite mirar una de las películas de nuestra colección de DVD truchos que te venden en las calles por centavos de dólar.
Seguimos viaje rumbo al oeste, y entramos a la provincia de Coclé, donde encontramos el segundo desvió hacia el mar.
En el mapa figura con el nombre de Playa Blanca y la ruta está repleta de carteles con hermosas fotos de publicidad de los Resort de lujo de la zona con fecha de inauguración en Julio 2009.
Pero al llegar, la sorpresa fue encontrar que ninguno de los Resort estaba inaugurado todavía, sólo estaban los cimientos de los edificios. Playa Blanca y Nikki Beach son dos inventos absurdos de futuros rascacielos blancos a la orilla del mar.
En la playa, la arena supuestamente blanca, no era más que simplemente color arena.

Seguimos avanzando y en la zona encontramos el único Resort que ya estaba terminado. Se trata de Buenaventura, un country enorme, con lindos edificios y grandes espacios verdes entre ellos.
Al no ser propietarios de alguna de las casonas, ni estar hospedados en el hotel, nos dejaron entrar con la excusa de almorzar.
Vimos que el diseño de su arquitectura está diseñado con muy buen gusto, sin duda alguna, es lo más lindo que vimos hasta el momento en todo nuestro recorrido por toda la costa Pacífica, incluida América del Sur.
Buenavista tiene casas de no más de dos pisos, con sus techos de tejas, y todo construido en armonía con la naturaleza circundante.

Después de un rico almuerzo, continuamos viaje rumbo al oeste y encontramos el tercer desvío que llegaba al mar.
Pasamos por un pueblo horrible llamado Aguadulce, donde nos recomendaron visitar la playa (!!).
Camino a la playa, la ruta de tierra se transformó en una fina lengua entre una laguna estancada y el mar.
Llegamos a Punta Piedra, donde teníamos pensado pasar la noche, pero el lugar era un puertecito sin playa, con botes sucios, pájaros negros sobre los postes de luz, un caserío de chapa con sus perros sarnosos.
Decidimos irnos, confirmando una vez más, lo equivocado que es generar expectativas a partir de las recomendaciones ajenas.

De regreso al pueblo, en el camino, encontramos el único bar de la zona: "Turicentro Yony".
El dueño del bar, con buenísima onda, nos permitió pasar la noche estacionados en la puerta y enchufarnos a su electricidad.
Asì pudimos conectar el aire acondicionado de pared que llevamos en la Bambi. En la provincia de Coclé, la Bahía de Parita, es tremendamente calurosa y repleta de mosquitos.
Nos rociamos con litros de repelente, para evitar contagiarnos del dengue, pues que el agua estancada de la laguna es el habitat perfecta donde crecen estos bichitos.

A la mañana siguiente continuamos viaje y atravesamos toda la provincia de Veraguas, y entramos a la provincia de Chiriquí.
Llegamos a la Playa de Las Lajas, donde habíamos quedado de encontrarnos con una pareja de amigos italianos: Gabriele y Chantal.
Ellos frustrados de trabajar por años en Italia y no lograr nunca adquirir su casa propia, decidieron comprar un terreno de 3.000 metros a 10 kilómetros del mar. En estos días estaban allí para firmar el trato.
Trabajarán dos años más en Italia, y luego se transferirán definitivamente a Panamá. Suerte amigos!!!

En Las Lajas encontramos el primer camping decente sobre el mar, con baños y electricidad, por 5 dólares la noche.
A lo largo de la única calle de tierra, que cuando llueve se parece más a un río que a una calle, encontramos una casa rodante con bandera de Suiza e Italia.
Nos paramos a saludar y conocimos a Marcel y Nadia una pareja que salió hace unos meses de Suiza y llegaron al Centro América en barco carguero, ellos y su casa rodante.

Ellos no hablan inglés y están recién aprendiendo el español, motivo por el cual estaban muy entusiasmados de poder charlar con nosotros en italiano.
Nos invitaron a tomar un café con (caffettiera e caffé italiano) en su casa rodante, que para nosotros parecía una casa de lujo.
Ellos llegaron a Panamá desde Costa Rica y también ellos tienen pensado recorrer el país, para encontrar su lugar y quedarse a vivir por esta parte del mundo.
Nos contaron que ya habían explorado las playas del Pacífico, desde Costa Rica hasta Las Lajas y ninguna valían la pena.
Confiando en su opinión, decidimos dejar el Pacífico y dirigirnos a explorar la costa del Caribe.
Ellos en cambio, seguirían su recorrido por el Pacífico, rumbo este, hasta legar a la Ciudad de Panamá.
Les regalamos un aparato de celular que no usábamos, para que le compren un chip y mantenernos comunicados.
Seguramente nos volveremos a encontrar.

Retomamos nuestro viaje, cambiando el rumbo hacia el norte, camino a la Provincia de Bocas del Toro.
Esta provincia se encuentra al límite con Costa Rica, y tiene costa sobre el Caribe. Fuimos subiendo de altura sobre el nivel del mar, pasamos por Gualaca, que es un pueblo sin pena ni gloria.
Atravesamos la represa La Fortuna, de la empresa: Enel Italiana, en un viaje bajo intensa lluvia.

Bajando hacia la costa, con la ruta resbalosa, los frenos nos abandonaron (!!!)
Pero, gracias a la parada que hicimos, Paolo se dio cuenta que una manguera del radiador estaba rota, y ya no quedaba agua en el motor.
Seguimos manejando muy despacio, usando el freno de mano y llegamos sanos y salvos hasta Ramalá que es un pueblito de 4 gatos locos, ya en el llano.
Nos paramos a preguntar por un mecánico a dos personas sentadas en la puerta de una linda casa con jardín.

Jorge, muy solidariamente, nos permitió estacionarnos en la puerta y pasar la noche conectados a la electricidad y con una canilla de agua al lado!
A la mañana siguiente, a primera hora, estuvimos en el único mecánico del pueblo, para solucionar lo de la manguera rota.
Don Chuito reformó una manguera que encontró en un rincón de su taller, y la instaló en la Bambi en poco tiempo y por pocos dólares.

El primer pueblo que exploramos sobre la costa del Caribe se llama Chiriquí Grande. Es un lugar muy pobre y sucio, que literalmente está sobre el mar, pues sus casas son palafitas, y sus baños descargan directamente en el agua.
Empecé a sentirme mal por el extremo calor pegajoso y la falta de brisa, entonces continuamos hacia Almirante, esperando encontrar algo un poco más ventilado y acogedor.
Lamentablemente encontramos un pueblo-puerto también muy pobre.

Sin bajar los brazos, continuamos buscando, pero el siguiente y último pueblo antes de cruzar a Costa Rica, ni siquiera estaba sobre el mar.
La costa, en esa región de Panamá, está repleta de manglares y no sólo no tiene playas, sino que tampoco tiene caminos al que se pueda ingresar con vehículos.
Que decepción!!!
Ya que habíamos llegado hasta allí, podíamos tomar el ferry que sale a la Isla Colon. La fila de vehículos para el traslado se hace la tarde anterior y el barco sale por la mañana siguiente, por éste motivo dormimos en el mismo puerto.
Después de dos horas de viaje y 50 - pesadísimos - dólares llegamos a la isla Colón.

junto a las islas de San Blas las islas de Bocas del Toro son una de las mayores atracciones turísticas del país.
El ferry llega a la isla Colón y para recorrer el resto de las islas más pequeñas se toman taxis-lanchas.
Colon, que hace 10 años fue tomada por yankees y italianos que la llenaron de hoteles y restaurantes, está todavía en pleno desarrollo, con su aeropuerto en refacción y sus calles de tierra en proceso de ser asfaltadas.

También en Bocas, las casas, las hosterías y los restaurantes son palafítas y descargan las aguas negras en el mar.
La mayoría de la costa son manglares, pero se encuentran también playas de arena.
En Bocas del Drago nos pasamos un buen rato en el agua, refrescándonos del tremendo calor húmedo, aunque el mar no era de la trasparencia y color que soñábamos.

Sobre la ruta principal de la isla, vimos una enorme casa toda de madera, que no estaba hechas adentro del mar, es la casa más linda de toda la isla (y tal vez de toda Panamá) y tenía un cartel: "FOR SALE".
Paramos para sacarle fotos y sus dueños, con una sonrisa, nos saludaron desde el balcón.
Paolo se bajó de la Bambi y Karan, la dueña se bajó de su balcón. Se pusieron a conversar y a los minutos nos invitaron cordialmente a entrar y a mostraros su casa.
Nos explicaron que el diseño, los sistemas de reciclaje de los desechos con tanques sépticos, y la construcción de la casa y del jardín fue hecha por ellos mismos. Todavía están terminando de pintar la última de las habitaciones en colores pasteles.

Se presentaron como Willy y Karan Schreiber, dos americanos de Los Angeles. Willy un ex mecánico de la BMW en Beverly Hills y Karan la ex asistente personal del vicepresidente de la Universal Studios en Hollywood.
Dajaron de trabajar hace algunos años para ofrecerse como voluntarios del Cuerpo de Paz.
Estuvieron ayudando durante un período de dos años en África y dos años en el Darién de Panamá, con proyectos para enseñarles a los lugareños a construir sistemas de agua potable y viviendas.

Una vez retirados del Cuerpo de Paz, se compraron este terreno en la isla, para hacer por cuenta propia, una Casa-Escuela de carpintería de madera y enseñarles a los isleños una posible salida laboral.
Pero sin aceptar pagar la coima al ex intendente de la isla, nunca lograron el permiso para inaugurar la Escuela-Taller.
Cansados de la corrupción existente en la isla, decidieron vender su casa, y mudarse a otra más pequeña en la provincia de Chiriquí.

En la Star Fish Bay, la bahía de las estrellas del mar, conocimos a Melissa Grani, una italiana casada con un ex conductor de televisión argentino, que trabajó con Tinelli, hace 15 años atrás.
Juntos pusieron un hotel y restó sobre el mar y tuvieron 3 hijitos.
Melissa es una de las pocas personas que después de años de vivir en la isla, se mantiene feliz, y no parece afectarle el bajo nivel intelectual de sus habitantes ni la ausencia absoluta de manifestaciones culturales, ni la falta de limpieza, ni la escasez de agua, ni la cantidad impresionante de mosquitos, ni la ausencia de un hospital digno, ni la corrupción de sus gobernadores, ni los precios el doble de caro, ni la falta de responsabilidad a la hora de trabajar de los lugareños, entre las pequeñas cosas de las que se quejan los que se cansaron de la isla.

Willy y Karan, nos invitaron a conocer su casa en la montaña de Potrerillo de abajo, en las montañas de Chiriquí, cerca del volcán Barú.
Esta casa tiene un estilo diferente, con otros materiales, otros colores en gama de marrón y está rodeada de árboles frutales, ríos y aire fresco de montaña. Nos pareció un hogar mágico y acogedor.
Nos ofrecieron un baño, con la ducha de agua caliente y vista al Jardín Zen. Como así también una habitación que nosotros agradecimos pero no aceptamos.
Dormir en la Bambi estacionados en su casa era mucho más de lo que podíamos pedir.

Disfrutamos de los riquísimos breakfast al estilo americano, que preparó Karan, con pancake y jalea de maple, tostadas francesas con canela, huevos revueltos, jugo de naranja, frutas frescas, y café.
Desde hace una semana Paolo habla ingés todos los días y yo me conformo con las pocas traducciones de Willy.

Pasamos unos días lindísimos: con Charlie y Reilly hacíamos caminatas matutinas bajo los árboles y cruzando ríos; al medio día Karan preparaba el lunch: un emparedado caliente de jamón, queso y pickles de pepinillos acompañado con pretzles, o tacos mexicanos.
Por la tarde compartíamos charlas, intercambiamos de música argentina por música country de Johnny Cash.
Nos mostraban como se baila el country que al igual que en el tango es abrazados y con la intención de que el hombre domina a la mujer entre sus piernas, de la misma manera que domina a su caballo.
Willy terminó de construir una enorme biblioteca de algarrobo para Karan, y para terminarla aprovechó de la mirada detallista de Paolo.
Karan mantenía preciosas las flores de su jardín o mantenía largas conversaciones por Skype con sus hijos en los Estados Unidos.

De noche Karan, después del aperitivo, preparaba una comida fuerte con carne, pollo, frutos de mar, verduras o pasta.
Realmente tiene un talento fantástico para cocinar.
Una noche como idea genial, contrataron a una Thailandesa que vino a domicilio a cocinar. Junto a otra pareja de amigos, Kelly estadounidense y Juan Pablo argentino, y hablando ¾ inglés y ¼ español, compartimos sabores Thai exóticos y picantes.

Willy y Karan, nos invitaron a pasear por la zona turística de Boquete, llena de plantaciones de café.
Y en una fábrica de café nos explicaron que el sabor del mismo depende de cuan tostado está el grano.
Es decir que al igual que las verduras que mientras menos cocidas más mantienen sus sabor y más cocidas lo pierden.
El café mientras más tiempo de tostado tenga, menos sabor mantiene, y a menor tostado más intenso y fuerte es el sabor.

Recorriendo Boquete, vimos estacionado una gran casa rodante con patente de Canadá y con varios carteles en las ventanas que decía: "SE VENDE A 6.500 DLS".
Nos acercamos a saludar y nos invitaron a entrar, eran una pareja de franceses de Paris: Philippe y Telma que viajaban junto a sus dos hijitas de 4 y 8 años: Julia y Clara.
Tenían que regresar de emergencia Paris en ocho días para resolver un problema con su casa, pero primero tenían que vender su casa rodante y luego llegar hasta San José de Costa Rica, desde donde salía su avión de regreso.

Son muy simpáticos y un poco desesperados. Los intentamos ayudar, buscándoles compradores.
Al día siguiente les mandamos un correo electrónico para avisarles que habíamos encontrado un interesado. Nos respondieron contándonos que ya habían cruzado a Costa Rica, donde tenían una oferta por 4.000 dls.
De todos modos, decidieron regresar a Panamá, para mostrarle la camioneta al interesado, un amigo de Willy que, como experto mecánico, se había ofrecido a revisarles y evaluar el estado del motor.
Mostraron la camioneta al interesado que quedó conforme, pero les pidió a Telma y Philippe, un día para pensar antes de hacerles una oferta.

Esa noche nos estacionamos junto a ellos, para acompañarlos hasta el siguiente día, dado que Paolo se había ofrecido de traductor entre ellos y el interesado.
Telma preparó una pasta y nos invitaron a comer juntos, en 6!, en su "enorme Bambi". A la mañana siguiente tomamos juntos el desayuno y pasado el medio día, el interesado no dio señales de vida.
Obviamente los franceses se empezaron a ponerse nerviosos.
Entonces conseguimos la dirección del interesado y nos fuimos a ver que había decidido.
El interesado, estaba esperando la llamada telefónica de su contacto, para ver si le resolvía un tema con los impuestos.

Pero como le explicamos que los franceses tenían apuro y no podían seguir esperando, el interesado llamó a un amigo que también estaba interesado en comprarla.
A los pocos minutos llegó el amigo y vio la casa rodante.
El amigo quedó conforme, pero antes de comprarla, necesitaba averiguar cuanto le costaría el impuesto para nacionalizar el vehículo.
El problema es que la ansiedad de los franceses no les permitía esperar ni un minuto más, y como no lograron cerrar trato inmediatamente decidieron volver a Costa Rica.

Los acompañamos hasta la frontera, porque tenían la duda de poder necesitar traducción, ya que no habían pasado los tres días estipulados por la ley para volver a ingresar a Costa Rica.
Y si se complicaba, allí estaría Paolo para traducir a los Agentes aduaneros toda la película.
Mientras tanto entre nervios y corridas, en un mundo aparte, Clara y Julia juntaban florcitas amarillas para decorarse el pelo y decorar a Charlie.
Me enseñaban a hablar en francés, señalando imágenes en un libro con animales, plantas y frutos.
Nos llenaron de dibujos hechos en papel y lápiz y lloraron cuando llegó el momento de despedimos.

Ya que estábamos en la frontera fuimos a conocer la zona de negocios libre impuestos y encontramos pocas marcas y precios más caros que en Ciudad de Panamá.
A demostración que Costa Rica se encuentra mucho más cara.
Pero lo interesante es que en la calle sobre la que se encuentran todos los negocios tienen dos puertas: por una se entra desde Panamá y por la otra se sale a Costa Rica. La frontera corre en el medio de las dos calles paralelas y pegadas. Mientras das vuelta por los negocios, no sabes en cual de los dos Estados estás.
Es bastante marcada la diferencia que se ve entre los dos países: Panamá está más cuidado y Costa Rica más abandonado y pobre.

Desde acquí, nos fuimos a conocer el último pueblito sobre la costa Pacifica, más al oeste de Panamá, casi en Costa Rica.
Llegamos a Puerto de Armuelles cuando ya era de noche, pedimos permiso a los vigilantes del muelle si podíamos pasar la noche pegados a ellos, para mayor seguridad. Y a cambio del favor de dejarnos conectarnos a la electricidad de su garita les ofrecimos dos latas de cerveza helada y dos platos de spaguettis con almejas que preparó Paolo.

A la mañana siguiente por un raro camino de tierra que atraviesa un puerto petrolero, llegamos a Limones.
Hay dos enormes resort de yankees antes de llegar.
Sentada al borde del camino, bajo un árbol, vimos una jovencita rubia leyendo un libro. Al llegar, encontramos un pueblito muy humilde, con casas de chapa y la gente a caballo.
El mar era mar marrón con su playa de piedras.
Limones es un pueblito de frontera extrema.
Comprobamos que nuestros amigos Suizos, efectivamente tenían razón, al decirnos que las costas sobre el Pacífico en esa región de Panamá no valía la pena.
Descansamos un rato y al regresar encontramos de vuelta la jovencita con su libro. Frenamos para preguntarle que hacía sola en ese pueblo que no parecía para nada turístico.

Nos respondió que era Voluntaria del Cuerpo de Paz y que enseñaba inglés a los niños de la escuelita de la zona.
Se llama Gretchen Shaub, y nos contó que estaba esperando el único colectivo que pasa por el pueblo de Limones, pero que como nunca se sabe a la hora que pasa ella estaba allí esperando desde temprano.
No quería perderlo porque necesitaba llegar al hospital de David para ir al médico ya que se sentía enferma.
Le ofrecimos tomar un desayuno y luego llevarla hasta David.
Nos impresionó que con 23 años, desde hacía 6 meses vivía sola en una pequeña cabaña llena de hongos y que se quedaría por un año y medio más en ese hueco del mundo. En el viaje nos confesó que quería adoptar un perrito para tener a alguien a quien cuidar por las noches.
Pero también nos contó que con esta experiencia de enseñar a niños que no tienen demasiada motivación para aprender estaba fortaleciendo su paciencia y estaba felíz por eso.

En David la dejamos deseándole toda la suerte y nuestro celular en caso que necesitara alguna ayuda.
Al rato conocimos a Kirt, un americano que trabajó toda su vida reforestando y vive hace 10 años en Panamá.
Kirt nos invitó a instalarnos en su terreno de 62 hectáreas en la zona de Caldera. El lugar es un sueño, a 800 metros sobre el nivel del mar, lleno de árboles de diferentes especies, con un su río propio, su cancha de tenis, su piscina de natación, una vista privilegiada y el aire fresco de montaña.
Al día siguiente viajó a los Estados Unidos con su mujer y su hijita para visitar a su padre.
Nos ofreció que nos quedemos en su terreno durante las dos semanas que ellos estaban de viaje.

Un día salimos a comprar víveres a Boquete y encontramos a una pareja de franceses: Jerone y Roxane con sus hijitos Matteo y Mila.
Ellos viven en Guadalupe y hace cuatro compraron una casa rodante en Miami para recorrer Latinoamérica hasta Tierra del Fuego.
Tienen un plazo de un año más antes de regresar a Guadalupe.
La coincidencia es que son los amigos de Telma y Philippe, los otros franceses que habíamos conocido la semana pasada y que viajaron un mes juntos, entre Guatemala y Costa Rica.
Nos contaron que Telma y Philippe habían logrado ayer vender su casa rodante, un día antes de que saliera su avión de regreso a Paris, por 5.000 dólares. Bravo!

Esa misma tarde en la puerta del supermercado de Boquete, conocimos a un señor que ayuda en un refugio en la zona para 600 niños.
Charlando un rato, nos adivinó la edad y el mes del cumpleaños y nos dijo que nuestra riqueza estaba en nuestros corazones.
A cambio de un llavero con la bandera italiana, se sacó del cuello un rosario tejido en hilo por sus propias manos y lo puso en el cuello de Paolo.
Un instante más tarde, abrió un bolsillo y me regaló una cruz de plata que aseguró haber sido bendecida por el Papa de Roma.
En cuanto los dos nos rehusábamos educadamente a aceptar, entonces nos dijo: "los regalos se reciben con amor, no se rechazan".
Empezó a alejarse de nosotros pidiéndonos con los ojos humedecidos que agreguemos en nuestras oraciones a sus 600 niños protegidos y nos quedamos totalmente emocionados por haber conocido a esa persona tan especial.

La mañana siguiente, decididos a salir para alcanzar Marcel y Nadia, entramos en la panadería francesa de Boquete para comprar un baguette fresca, un croissant y un pain au chocolat (!).
Con increíble sincronización, en la panadería entra también una pareja de California, Jay y Terry, con los cuales pegamos pronto y que nos invitan a festejar el Thanksgiving day juntos a sus amigos, al día siguiente el jueves 26 de noviembre.
Cómo negarse?
Karan y Willy volaron a Lima, donde vive la mamá de Willy.
Así que el mes termina en Panamá pero con una onda muy yankee, en la cual nos encontramos muy bien.
Aunque yo no manejo mucho inglés todavía, con todos me atrevo con palabras de agradecimiento, de buena suerte y de despedida.
Thank you, folks. Good luck everybody. See you next month.