The Travel
Perú desierto/Ecuador verde - 2008-09
domingo, septiembre 20, 2008, 08:04 PM - Ecuador

Dedico este capítulo de la Bitácora de Viaje a mi amiga Lili, que en estos días perdió a su mamá y tuvo a su primera nieta.

Llevamos cinco meses viajando y ya recorrimos casi 10.000 kilómetros. Salimos de Buenos Aires, atravesamos Paraguay, Brasil, Bolivia y Perú. Ahora estamos recorriendo Ecuador. Los primeros días del mes de septiembre nos quedamos en Lima. Disfrutamos de lo bueno que ofrecía la ciudad. Aprendí las técnicas para volar (en dinámica) y aterrizar (en Top Landing). Gracias a Lucho llegué a mi décimo vuelo sola, dedicó toda una mañana de trabajo con mucha profesionalidad y mucho cariño. Recomiendo particularmente, si van a Lima, no se pierdan un paseo con Lucho entre el océano y los rascacielos.. Una noche nos invitó a su casa para compartir una rica comida Peruana, cocinada por Emma, su novia inglesa, con la previa lectura de un libro de recetas Peruanas.
La comida se veía lindísima en el plato pero no tuve la fortuna de probarla, porque mi estómago colapsó y empezó un proceso (de gastritis aguda) que duró semanas.

Conocimos la casa de Norma Colán, prima de mi Tío Eduardo Colán.
Ella vive en el lindo barrio de San Borja de Lima. Mientras ella preparaba el almuerzo nos entretuvo con su álbum de fotos familiar.
Encontramos una foto en blanco y negro muy antigua. ¿Linda, no? El abuelito Ángel, que aparece en el medio de la foto, era un actor profesional y en una gira que hizo por Argentina, su compañía de teatro quebró.
Se quedó al principio en el país para trabajar y juntar algo de plata, más tarde se enamoró de la abuelita Geluca, con ella formó su familia y nunca más regresó a vivir al Perú.

Una mañana fuimos al Consulado de Ecuador en el barrio de San Isidro donde nos atendió una señora de ojos brillantes y sonrisa encantadora que me recordaba a Susi Muzlera, amiga de toda la vida de la familia.
La señora Cónsul, nos informó detalladamente sobre los documentos, las rutas, la moneda, los hoteles, las playas, el clima, y la simpatía de la gente del Ecuador. En ningún momento pretendió ni mencionó el cobro de ningún sellado o certificado.
Le agradecimos especialmente su atención y nos respondió que era su función por ser la cara de presentación de su país. Su amabilidad nos hizo olvidar por un instante que estábamos en Perú Recuerdo que cuando estuvimos en el Consulado de Perú en Bolivia sufrimos la falta de simpatía, la tremenda burocracia que nos hizo perder días, y el precio absurdamente alto de un sellado, que supuestamente era obligatorio para entrar a Perú con Charlie.
En realidad resultó una estafa, ya que nunca nadie nos pidió ese sellado en la frontera.
La primera impresión que experimentamos de como nos tratan en un Consulado coincide posteriormente con aquello que vivimos atravesando el respectivo país.
Entonces, después de la experiencia vivida en los Consulados de Paraguay, Brasil, Bolivia, Perú y Ecuador, me animo a pensar que no sólo encontramos una cara física de presentación en esos consulados, sino un tangible reflejo de la manera de ser de un pueblo.
Con esto no quiero decir que todos los Peruanos son ladrones, pero muchas de las experiencias que tuvimos, fueron sintomáticas de la manera de ser de muchos.

Es horrible hablar mal del Perú, ya que mis abuelos son japoneses emigrados a ese país, y mi papá, mis hermanos, mis primos y tíos son Peruanos.
Imagino que a ellos les duele leer mi mala experiencia con su amado Perú, pero por algo ellos también encontraron una mejor vida en Estados Unidos, Japón o Bolivia.
Salimos de Lima, con la ingenua ilusión de encontrar finalmente las bellezas que promocionaban del norte Peruano con sus playas de arena blanca y palmeras, sus pueblos pintorescos, sus montañas nevadas, y su gente acogedora.
Tomamos la Ruta Panamericana y pasamos por pueblos como Huacho, Huaraz, Caraz, Carhuaz, Chiclayo, Chimbote y Colán.
Este último nos atraía especialmente por el nombre. Tal vez algunos de mi familia provienen de este pueblo. Llegamos con una enorme emoción y comenzamos a sacarle fotos a cada cartel.

Aunque la emoción se nos terminó apenas entramos: ya que encontramos lo que ellos llaman "un balneario" en el medio del desierto, hecho con casitas precarias, y sobre la línea del mar, casas de un nivel social más alto, pero con un importante grado de mal gusto, que transgreden el sentido común y tal vez la ley pues son construidas sobre la arena a milímetros del mar, bloqueando toda la vista y el acceso a la playa.
Pero el colmo es de aquellos que abusando del abuso, como ya no disponen de más arena, arrojan grandes piedras en el mar para rellenar, y construyen sus casas sobre ellas y de esta manera gozan exclusivamente de la vista, robándole la vista al que anteriormente nos la había robado a todos.
No se si me explico: desde la primera fila de casas que dan a la calle principal, construyeron manzanas hacia y sobre el mar. ¡Una locura!
Nosotros como turistas, recorrimos este balneario, apreciando el asfixiante paisaje de los muros de las propiedades.
Los pocos accesos posibles a la playa son angostas callejuelas peatonales, que estaban decoradas de basura y moscas, exhalando un perfume poco agradable.

Encontramos el único bar con vista al mar. Entramos y nos ofrecieron pescado a la plancha, arroz blanco y una jarra de limonada. El cocinero y dueño del bar nos distrajo intentando vendernos unos horribles sombreros de corteza de palmera y una noche en su hostería. En la distracción no le preguntamos el precio del almuerzo y cuando llegó la cuenta casi nos desmayamos: 50 soles (17 dólares) Nos hubiese gustado irnos de Colán inmediatamente, pero el cansancio nos obligó a quedarnos a pasar la noche. Estacionamos en un terreno baldío, entre dos casas, en la segunda línea del mar.
Salimos a caminar bajo la luz de la luna, en busca de algún almacén donde vendan insecticidas contra moscas, ya que en el momento que abrimos las puertas invadieron la Bambi, y era imposible pensar de dormir con ellas.
Después de caminar cuadras en un silencio absoluto, vimos una luz a lo lejos, al llegar encontramos un kiosco donde el dueño y un cliente estaban en una mesita en la vereda tomando algo y mirando la televisión.
Nos invitaron a sentarnos y el cliente (Chileno) nos contó durante un buen rato de su vida y nos recomendó tener mucho cuidado con la inseguridad de Ecuador.
Aparentemente se encontraba en Colán por negocios, ya que es dueño de una empresa de barcos pesqueros.

A la mañana siguiente, mientras dejábamos Colán nos detuvimos a preguntarle al único turista que vimos: Where are you from? El americano estaba acompañado de su amiga Peruana, que lo había invitado a conocer su pueblo. Juntos buscaban fondos para la realización de un documental de difusión de la zona. Ella nos invitó a quedarnos algunos días más: sostenía que había mucho para ver y hacer. Ante nuestra evidente expresión de confusión nos detalló su invitación que consistía en ver la iglesia por dentro y subir por el desierto, bajo el sol y a pie, hasta una cruz, desde donde, según ella, se apreciaba una vista panorámica. Dicha cruz quedaba a metros del camino por donde habíamos pasado con la Bambi para entrar, y pasaríamos obligadamente salir. Muy agradecidos por la invitación, que sonaba más a tortura, nos escapamos disimuladamente. Pero antes le expresamos nuestra opinión del porqué nos parecía una estafa vender a turistas extranjeros un balneario sucio y sin servicios dignos.

Continuamos recorriendo la Costa Norte.
Pasamos por la "prestigiosa" Playa de Máncora, donde entendí la mirada de decepción de los turistas extranjeros.
Los Hoteles tienen la misma lógica de Colán de robarles a todos la playa, con el plus de que sus precios son absurdamente altos y van entre los 60 y 150 DOLARES la noche.
Encontramos un terreno baldío para estacionar y dormir, esta vez con vista al mar.
A la mañana nos dimos el lujo de tomar un desayuno en uno de estos hoteles y retomamos el viaje.

En estos días continuamos sufriendo el gravísimo problema de la basura a los costados de las rutas y su olor profundo terminó irritándonos.
Lamentablemente todos los lugares de la costa norte de Perú nos iban decepcionando.
Recorrimos kilómetros y kilómetros de desierto, hasta la frontera con Ecuador.
Como ya nos había adelantado la Cónsul que ocurriría. En uno de los horribles pueblitos de la costa tuvimos la idea de desviarnos rumbo a la Cordillera Blanca.
La promocionan como un cordón de montañas a 5.600 m.s.n.m. que todo el año está nevada y me imagino que tiene sentido sólo para escaladores profesionales o personas mucho más aventureras que nosotros, dispuestos a transitar caminos intransitables, llegar al pie de la montaña, luego escalarla hasta la cima, para finalmente tocar la nieve.
Nosotros solamente llegamos hasta Caraz, el pueblito más digno de esta cordillera.

Estuvimos un día y una noche, tiempo suficiente para agotar todo lo que se podía ver.
Nos recomendaron bajar a la Panamericana por el Cañón del Pato, que resultó ser un camino sinuoso de precipicio y trocha (ripio).
Lo recorrimos con cierta tensión mientras íbamos bordeando el río Santa, el único que vimos llevar agua en todo el recorrido que hicimos por el país.
Atravesamos 30 rústicos túneles perforados en la montaña, que daban la impresión de estar a punto de colapsar.
El tramo fue largo, ya que no podíamos ir a mayor velocidad que 10 kilómetros por hora, nos cruzamos con una pareja de suizos que viajaban en una moto KTM y ciclistas, alemanes y holandeses, a todos donamos agua mineral fría, bananas y naranjas.
Primera vez en mi vida que me siento rica, sólo por el hecho de tener agua potable. >

Después de un mes de escuchar hablar a los Peruanos, observamos que su manera es extremadamente veloz y tienen la tendencia a repetir dos veces la misma palabra.
Esta característica ya la había sentido en mi padre. Lo absurdo es que te obligan también a repetir dos veces la misma pregunta.
Ejemplo:
Pregunta 1ra vez: - disculpe señor donde queda el mercado central?
Respuesta 1ra vez: - EH? (la primera vez nunca entienden la pregunta, aunque uno se esmere en hablar articulado y fuerte)
Pregunta 2da vez: ¬- donde queda el mercado central?
Respuesta 2da vez:- EL MERCADO CENTRAL? (siempre y sin excepción repiten en vos alta)
Confirmación de la pregunta 3ra vez: -sí, el mercado central.
Respuesta 3ra vez: - DE FRENTE, DE FRENTE (la respuesta final la repite dos veces y generalmente es la misma: de frente de frente y va acompañada de un gesto desarticulado e incomprensible con la mano)

En Brasil no encontré, medias lunas o algo dulce para tomar el desayuno y me adapté a los pasteles fritos de queso. Pero en cambio en Perú, no logré hacer lo mismo con el chancho, pollo o pescado frito que ofrecen desde las 7 de la mañana junto al café.
Indudablemente son un pueblo de estómago fuerte. Probamos muchas comidas, muy ricas, pero picantes y lamentablemente un punzante dolor se instaló por días en mi estómago. Llamamos a un médico y me diagnosticó gastritis aguda. La enfermera que lo acompañaba preparó una enorme jeringa con líquidos blanquecinos.
La presión me bajó al borde del desmayo y supliqué compasión. Después de minutos de negociación con la intervención de Paolo, y previa llamada telefónica para consultar cuanto me cobraban la jeringa ya preparada, el médico accedió a recetarme pastillas.
Las intenté tomar por 15 días junto, e intenté también una dieta sancochada (hervida).

Adiós al ají de gallina, adiós la cervecita fría y adiós el pescadito frito.
O sea lo bueno del Perú, que es la comida, me estaba siendo limitada.
Entonces decidimos salir del país lo antes posible. Para ello pasamos por Trujillo, Piura y Tumbes. En Trujillo ni entramos.
En Piura encontramos a dos primas de mi tío Eduardo: Gladis y Pilar Colán.
En realidad nos encontraron ellas a nosotros, se corrió el comentario que estábamos en el hotel y nos vinieron a buscar. Divinas!!!
Nos llevaron a conocer una plaza frente a un teatro, una iglesia y un puente.

Y Tumbes fue la última ciudad más al norte que padecimos. El ensordecedor y constante ruido de las bocinas, nos obligaban a gritar para poder comunicarnos.
Dejamos la Bambi en el único hotel con estacionamiento que nos costó un ojo de la cara, pero por la tremenda inseguridad, no nos quedaba otra opción.
Nos trasladamos por la ciudad en taxis: carritos sin puertas, con un límite de dos pasajeros, el techo de lona con llamativos colores que van acoplados a su moto.
Las tarifas de viaje en taxi, en todo el Perú, se negocian antes de subir.
No existe el reloj ni la bajada de bandera.

Llegamos a Aguas Verdes, un pueblo típicamente de frontera, con ese característico movimiento de gente y productos amontonados en los puestos callejeros.
Los trámites en Migración fueron relativamente rápidos, dos horas ya habíamos cruzado.
Salimos de Perú el 12 de septiembre del 2008 es decir que estuvimos recorriéndolo durante un mes.
Minutos antes de cruzar cambiamos todos los soles a dólares, ya que el dólar es la moneda de uso corriente en Ecuador y nos quedamos sólo con algunas monedas de recuerdo que vamos coleccionando de cada país.
En la frontera había carteles de los productos de prohibido ingreso como los cítricos, pero nadie nos revisó la camioneta y evitamos tirar un kilo de naranjas.

Desde Huaquillas el primer pueblito entrando a Ecuador, las bocinas dejaron de aturdir.
Casualmente escuchamos en las noticias que en estos días, salieron nuevas normas, que multan, entre otras infracciones, a quien toca bocina sin motivo.
También vimos reaparecer tachos y en con secuencia la basura no tapiza más cada centímetro de las calles.
Desde este primer pueblo el ambiente se respira más distendido, pero para que no extrañemos a la "linda gente" de Perú, nos cruzamos con un "guía" que nos intentó estafar, imponiendo su presencia, nos condujo hasta la Aduana a tres cuadras de la frontera, y luego pretendió cobrarnos 10 dólares!
Le pagamos sólo 2 dólares, previa discusión. Como ya nos habían adelantado, no nos pidieron el certificado de buena salud de Charlie, pero igualmente sellamos su pasaporte con la respectiva salida y entrada.
En Huaquillas era un día festivo, había niños disfrazados y autos decorados, también vendedores ambulantes de pan, ananá en rodajas, agua de coco, y guiso de pollo.

Comenzamos recorrer Ecuador y los siguientes 70 kilómetros fueron verdes con plantaciones de bananas, y arroz. Llegamos a Machala y nos encontramos una ciudad limpia y ordenada con gente educada. Su plaza principal con fuentes y peces de colores. Según cuentan los lugareños, Machala hasta hace unos años, era un caserío y el nuevo alcalde está hizo buenas obras públicas. Descansamos tres días en un hotelito céntrico y acogedor. Sentíamos un profundo agotamiento del mes de agosto, fruto del estado de alerta constante para evitar ser estafados, robados o chocados en tierras Peruanas.
A pocos kilómetros de Machala hay una costanera sobre un río y fuimos en busca de un espacio abierto para jugar con Charlie y allí conocimos a la familia Ortiz.
El padre de 80 años con sus hijos, yernos, nueras y nietos, todos paseando juntos.
Julia una de las hermanas Ortiz nos invitó a almorzar en su casa y preparó con Ana, otra de sus hermanas, una riquísima sopa de camarones y pescado con arroz. William, el hermano menor de Julia y Ana, había sido nuestro camarero en el hotel. Y Pedro, el hermano mayor, nos cruzó una tarde en la plaza paseando a Charlie. Fue una linda casualidad conocer en esta pequeña ciudad a una gran familia. Fueron nuestros primeros amigos en Ecuador, personas sencillas y de gran corazón.

Subiendo una vez más hacia la cordillera, a mediados de Septiembre llegamos a Cuenca por un camino ondulante y agradable: a los costados de la ruta hay precarias chozas que venden bananas multicolores y nos detuvimos a comprar un manojo de 50 coloradas y enormes a un dólar cincuenta, también vimos a campesinos desparramando sobre la ruta misma, alfombras de granos de cacao para dejar secar al sol.
La ciudad de Cuenca está a los 2500 m.s.n.m. y en el 1997 fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad. Es hermosa en su arquitectura colonial bien preservada, cantidad de restaurantes, hotelitos, museos y galerías de arte, callecitas empedradas y ferias de artesanías.

Familias enteras en el negocio del sombrero Panamá, que en visitas guiadas te muestran el proceso de elaboración a mano, el lavado, el prensado y planchado. Los precios varían según la calidad de un Panamá y oscilan entre 25 y 500 dólares. La calidad se determina según la división más finita de la tira de paja toquilla con que elaboran el sombrero, y el tiempo que les lleva realizarlo. Los más caros tardan hasta seis meses en terminar. Yo conseguí uno sin las terminaciones, ni el blanqueado, ni la tintura, ni el prensado, ni el planchado, a 8 dólares. LINDISIMO! Los barcitos y restaurantes mantienen un estilo colonial y están bien cuidados, las hosterías son antiguos edificios reciclados. Nosotros dormimos en la Cofradía del Monje que era un claustro de monjas, pegado a la iglesia.
Desde nuestro colonial balcón de madera veíamos las cúpulas de la Catedral.

La ciudad está atravesada por 4 lindos ríos de agua limpia, y en sus costados tiene pasto, senderitos de adoquines, puentes de piedra, y casas antiguas. Tienen muchísimas iglesias preciosas y un altísimo grado de católicos.
En Cuenca nos encontramos con amigos de amigos de amigos. Gaby y Pedro son una hermosa pareja, que nos recibieron en su ciudad con mucho cariño y con los cuales compartimos menos de lo que hubiéramos querido.
Nos invitaron a su casa y nos presentaron a sus tres hijitos, nos ofrecieron un rico café ecuatoriano y mientras Pedro nos indicó sobre la guía turística que nos regaló, los lugares a visitar, Gaby ayudaba con las tareas del colegio a sus varones y Charlie jugaba con el labrador en el jardín.

Más tarde Pedro nos llevó a recorrer su ciudad. El último día nos despedimos comiendo en un restaurante típico. Entrada: quesos, habas, sopa de papa y humita. Primero: fetas de chancho a la parrilla y mote pillo: maíz blanco con huevo revuelto. De postre: dulce de babaco en almíbar. Para beber: canelazo de licor de naranjilla y canela que se toma caliente.

Partimos hacia Guayaquil pasando por el Parque Nacional de Cajas donde comimos trucha fresca de criadero. Ascendimos a los 4.000 metros s.n.m. y vimos lagunas y llamas en el camino.
Nos encontramos en un momento manejando entre las nubes. En las Sierras Ecuatorianas, una manera común de viajar es hacer dedo, porque no pasan colectivos seguido.
Levantamos a un par de personas humilde que trabajaba la tierra. Ellos mismos nos alertaron sobre la inseguridad en Guayaquil.

El 24 de septiembre por la tarde llegamos a Guayaquil y sentimos un violento cambio en la temperatura con una diferencia de 15grados más.
Nos fuimos directamente a la Galería de Arte de Mirko Rodic. Un argentino de Venado Tuerto, que hace 30 años vive en Ecuador, y es amigo de amigos.
Gracias Marta y Jorge por conectarnos con ellos!!!!). Mirko está casado con Loa y son personas muy buenas y solidarias que desde el primer momento nos ofrecieron su amistad y invitaron a hospedarnos en su departamento. Vivimos con Mirko, Loa, su hija Denis, y Charlie, 2 semanas, comimos asaditos, empanadas cordobesas, vinitos tintos argentinos, paseamos y conocimos a sus amigos. El defecto imperdonable de Mirko es que es hincha de boca, pero. nadie es perfecto.

El domingo 28 de septiembre, fueron las votaciones del Referéndum a favor del Si o el No a la nueva reforma constitucional.
La campaña política del SI estuvo sostenida con fondos del gobierno, motivo por el cual vimos en estos días mucha propaganda con banderas, remeras, calcomanías de color verde y extensos folletos explicativos con promesas. Todos los mensajes son positivos y generan muchas esperanzas en el pueblo.
En cambio el NO se perdió en la confusión de sus mensajes muy poco técnicos: "Voto NO porque amo a Dios", "Guayaquil NO es Gil". Sin embargo en Guayaquil ganó el NO con el 54% de los votos, mientras que en el resto del país ganó el SI con más del 70%.

Guayaquil es la ciudad más grande de Ecuador con 2,5 millones de habitantes, puerto principal y la ciudad con mayor actividad económica del país.
Es caótica y ruidosa, las bocinas suenan bastante en las horas pico cuando la gente pretende llegar rápido a sus casas. El pito (bocina), aquí es una manera de manejo y de comunicación muy usada.
Una mano en el volante y la otra mano sobre la bocina. Una frase que refleja lo popular que es su uso, es: Tocame un pitazo al llegar a la puerta de mi casa, que bajo y te abro.
Encima no respetan las señales de tránsito, cruzan semáforos en rojo, motivo por el cual y estuvimos a punto de sufrir un accidente grave por esta imprudencia y el descuido de los conductores.

El 80% de los barrios son muy pobres, pero en los últimos 10 años, restauraron muchos edificios, y construyeron urbanizaciones (barrios residenciales), paseos a los bordes del río y parques. El pueblo almuerza rico y completo por 1,50 dólar: sopa, carne con arroz y jugo.
Nuestros celulares I fhone, que funcionaron en el resto de los países, en este no funcionaron por existir una frecuencia diferente. Los servicios de reparaciones de la empresa Apple no están autorizados a reprogramar teléfonos, pues tienen acuerdos con las compañías telefónicas.
Y las compañías telefónicas no te reprograman un celular que no haya salido de su bodega, motivo por el cual no vimos obligados a comprar un nuevo celular.
Y durante diez días buscamos Wi Fi en shopping, cafés, negocios de hamburguesas y heladerías que ofrecían el servicio pero no les funcionaba.
Sólo en el aeropuerto pudimos enviar e-mails desde nuestras computadoras portátiles.

Hasta el momento Ecuador tiene gente muy dulce y simpática. El clima tiene una media de 25grados todo el año y cuentan con sólo dos estaciones.
El invierno que es cuando hay más lluvias, pero hace más calor la gente va a las playas y el verano que el agua de mar es más fria. Este mes de octubre, recorreremos el resto de Ecuador, subiendo por la costa, a través de la Ruta del Sol.
Imagino que nos encontraremos con el mar turquesa, tortugas gigantes y la arena blanca.
En el próximo capítulo les cuento si mi imaginación se encontró con la realidad.