The Travel
Colombia-Panamá en barco - 2009-10
viernes, octubre 31, 2009, 08:25PM - Panamá

Los primeros 15 días del mes de octubre los pasamos en Cartagena de Indias.
El calor intenso que hacía en esa ciudad y la necesidad de la Bambi de visitar un mecánico para reparar las correas del aire acondicionado, nos hizo decidirnos hospedarnos en un hotel.
El problema era que no aceptaban a Charlie en ninguno.

Tuvimos la suerte que Paolo conociera en el mecánico a Miguel Ángel, un colombiano que nos ofreció alquilarnos una habitación en su departamento dejando entrar a Charlie.
Nos quedamos dos semanas en su departamento bajo el servicio de la señora Donna que nos preparó cada mañana un rico desayuno con café, pancakes y fruta.

Esas dos semanas disfrutamos del aire acondicionado, de la tele, de conexión a Internet y de una ducha fría todos los días (no salía ni tibia ni caliente).
Por las tardes cuando bajaba el sol salíamos a pasear con Charlie por el barrio de Boca Grande, donde estábamos alojados.
La zona es una península angosta y larga rodeada de mar y llena de edificios altos. Tiene dos costaneras una con vereda para los peatones y bicicletas, otra con ancha playa de arena desde donde se puede ver hacia la derecha la ciudad histórica.
Es un barrio de nivel medio alto, con grandes supermercados, hospitales, agencias de viajes, negocios de ropa, y hoteles 5 estrellas.

En marzo del 2009, ya habíamos estado en Cartagena durante 15 días y regresar fue muy interesante ya que tuvimos la posibilidad de conocer mejor cada centímetro de la Ciudad Vieja Amurallada y recorrer otras zonas. Miguel Ángel, nos invitó a la Isla de Tierra Bomba, de frente a Cartagena. Alquilamos un bote por 75 dólares y después de 30 minutos de navegación llegamos.

La isla no cuenta con infraestructura sólo casas pobres y un sólo quincho de paja en la playa donde se puede tomar algo y comer arroz con pescado negociando el precio.
El mar en esa zona no es transparente por ser el pasaje de los barcos que entran a Cartagena. Lo único interesante que vimos fue el antiguo Castillo de Boca Chica, construido con el fin de defender la ciudad de los piratas.
Entramos a recorrerlo acompañados de varios niños de la isla.

También vimos desde el bote las ruinas de la iglesia y del hospital donde exiliaban durante el siglo XVII a los leprosos.
Lo más triste de éste paseo fue ver la pobreza de los habitantes de la isla de Tierra Bomba, la gran mayoría de raza negra, muy carenciados de comida, educación y posibilidades de desarrollo.
Tuve la impresión de estar dentro un documental de las zonas más pobres de África.

Los turistas que llegan a Cartagena en cruceros estadounidenses, en su mayoría no salen de la parte Amurallada.
Esta parte tiene un encanto particular por su arquitectura colonial bien conservada. Por los jóvenes que bailan en las plazas sus danzan típicas afroamericanas con percusión en vivo.
Por sus Museos del Oro y Museos de Esmeraldas.
Por sus restaurantes gourmet con mesas en las veredas y músicos en vivo.
Por sus coches de madera tirados a caballos en los cuales se puede pasear y recorrer la ciudad.

Por estar rodeada y protegida de anchos muros de piedra sobre los que uno puede caminar o sentarse a mirar el mar.
Pero detrás de esta fachada encantadora se esconde la historia de esta ciudad escrita con la sangre.
Esos sólidos muros, fueron levantados con las piedras más los cadáveres de los esclavos ltraidos de África.
En vida fueron explotados para extraer el oro que los españoles llevaban a su reina, una vez muertos, sus cuerpos eran tirados como escombros.

En el siglo pasado decidieron derrumbar una parte de esta muralla para conectar la parte antigua al resto de la ciudad, y fueron encontrados los huesos humanos de aquellos desafortunados hombres.
No todo lo que pasa en Cartagena parece extraído de un cuento de hadas, también hay mucha pobreza, droga, y prostitución.
La gran pobreza y la pésima organización se mezclan con la riqueza y el gusto de los europeos que se asentaron en las últimas décadas.

Entendimos la enorme diferencia que existe entre la forma de ser del colombiano que vive en las costas y del que vive en el interior.
El "costeño" es más perzoso, y tiene fama de vago sucio, mal educado, gran bebedor de alcohol, gritón, mujeriego y rumbero que es como ellos mismos le llaman a divertimento.
El "guachaco", el habitante del interior, más trabajador, tiene fama de falso, frío, interesado y materialista.
En fin, como pasa seguido en muchas partes, no se llevan bien y cuentan que en las paredes de las calles de Bogotá hay escritos que dice: "Haga el bien a Colombia, mate a un costeño"

El costeño al trasferirse al interior, exporta su pasión por la música a volumen alto que escucha hasta altas horas de la madrugada, gusto que en los edificios no es muy bien recibido, como así tampoco las costumbres de festejar el carnaval tirando harina a la gente en las calles.
El su defensa el costeño se autodefine como simpático, solidario, divertido y justifica la falta de entusiasmo por el trabajo debido al fuerte calor de la costa.

Remata expresando que es un hipócrita quien dice que le gusta trabajar. Termina su discurso de autodefensa declarando orgulloso de haber creado costeños como Gabriel García Márquez y Shakira.
Ésta misma antipatía entre el costeño y serrano la vimos en Ecuador.

En marzo conocimos a Sandro, un italiano nacido en Roma, que desde hace 5 años tiene una pizzería en el barrio de Manga a dos cuadras del Club de Pesca.
Sandro vive con su mujer colombiana Susan y sus dos hijas de 6 y 8 años.
Pasamos a saludarlo y probar su magnífica pizza casera de verduras.

Llevamos una botella de vino tinto argentino mendocino de una reconocida bodega, que se puede encontrar en algunos supermercados a buen precio.
Brindamos con ellos por el reencuentro y repetimos nuestra visita algunas noches, llevando siempre la botella de vino o botellitas de cerveza Quilmes, que también encontramos en los supermercados. Compartimos con ellos y sus amigos lindos momentos juntos.

En el mismo edificio donde nos hospedamos vive Enzo Coppola, un italiano de Napoli, radicado en Colombia desde hace años.
Enzo nos invitó a comer en su casa, nos presentó a su esposa colombiana Maritza y sus dos maravillosas mellizas de 8 años muy sociables e inteligentes.

Una es blanca y la otra negra. Nos contaron que en Italia por las calles de Napoli, donde ellas nacieron, llaman mucho la atención.
Maritza nos preparó unos spaghetti alla puttanesca de primer plato y carne de cerdo con berenjenas gratinadas de segundo. Todas recetas que le pasó su suegra y le salieron muy ricas. Ellos tienen en Cartagena una empresa de fumigación y les encanta vivir en Colombia.

Durante diez días hicimos miles de trámites para trasladar la camioneta en barco a Panamá.
Nos pasearon entre la Agencia Naviera, la Aduana, el Puerto y la Policía Antinarcóticos. Paolo pasó horas y días haciendo colas, llenando y presentando papeles.

Haciendo esos trámites conocimos a Giorgio Lorenzini, otro italiano casado con una colombiana que trasladaba su casa rodante a Panamá en el mismo barco y en la misma fecha que nosotros.
Juntos atravesamos la interminable burocracia que evitaré detallar en este blog porque me llevaría demasiadas páginas de relatos desagradables.

Nuestro barco, el Tristán, retrasó tres veces la fecha de llegada al Puerto de Cartagena y de salida a Panamá, llegó el día que logramos terminar con todo y quedar libres para viajar en avión.
El 17 de octubre dejamos Colombia y terminamos de ésta manera la etapa del viaje por Sur América.
Estábamos emocionados de llegar a Panamá.
El vuelo duró 45 minutos y costó 350 dólares cada uno, más la multa de 100 dólares por cambiar la fecha de vuelo.
Charlie viajó en su jaulita en la bodega del avión pagando 200 dólares.

Llegamos sanos y salvos, retiramos por la cinta nuestras valijas y la jaulita con Charlie adentro, pero al intentar salir del aeropuerto nos detuvo Sanidad, pidiendo que les paguemos 200 dólares y exigiendo que dejemos en cuarentena a Charlie durante dos días.
El motivo de la cuarentena forzada era que por ser día sábado no trabajaban los dos veterinarios del aeropuerto responsables de confirmar el certificado de buena salud. El absurdo horario de atención de éstos veterinarios es de lunes a viernes de 8 a 18hs. Es decir que los aviones con mascotas que llegan fuera de ese horario se joden. Empezamos a quejarnos, ya que en el Consulado de Panamá en Colombia nadie nos informó de éstos ridículos horarios.

Paolo entendió inmediatamente el problema de falta de organización y sin esperar llamó a la policía y luego a las autoridades del Aeropuerto.
Empezó a denunciar a todos: a sanidad, al consulado, al gobierno, y a la misma organización del aeropuerto por maltrato animal y desinformación al turista.
De ninguna manera aceptaríamos pagar las consecuencias de un mal funcionamiento de ellos, abandonando a Charlie en el aeropuerto.

Después de horas de discusión llegó el Director del aeropuerto, un señor muy amable de un nivel intelectual que le permitía entender inmediatamente nuestras razones.
Ordenó llamar a los celulares de los dos veterinarios que vinieron enojados de tener que venir.
Los dos veterinarios llenaron dos formularios, firmaron dos ingresos de Charlie a Panamá y cobraron sus 200 dólares. Ninguno de los veterinarios nunca revisó a Charlie. Quedará por siempre en el aire una pregunta: porqué dos veterinarios?
Finalmente ya de noche logramos salir de aeropuerto.
Teníamos una reserva en un hotel en la ciudad de Colón a 80 kilómetros del Aeropuerto. Colón es la ciudad más cerca al Puerto de Manzanillo donde desembarcaría la Bambi.

Esperamos cuatro días en Colón que arribara la Bambi.
El domingo 18 de octubre, día de la madre en Argentina, recorrimos a pie la ciudad. Se veía muy pobre y descuidada, tan descuidada que parecía una ciudad en ruinas. De todos modos, por los llamativos colores típicamente caribeños de sus casas de madera y por la población de raza negra con rasgos hermosos, el lugar nos pareció muy pintoresco.

Nos informó la Agencia Naviera que la Bambi había llegado sana y salva y ya estaba descargada del Barco de la Wallenius Wilhelmsen
Y la fuimos a retirar en el Puerto de Manzanillo, haciendo toda una mañana de trámites, fotocopias y controles.
Lo curiosos fue que pasamos 6 veces por cuatro diferentes oficinas de la Aduana dentro y fuera del Puerto. Solo para llenar y entregar papeles!
Al final ya vencidos contratamos a uno de los tantos muchachos que se ofrecían para agilizar los trámites.
Ahora pensamos que esos muchachos "agilizadores" de la burocracia, están de alguna manera combinados, ya que en la misma ventanilla que a nosotros nos rebotaban a ellos aceptaban automáticamente. Posiblemente de no contratar a uno de ellos, hubiésemos tenido que pasar por las diferentes oficinas de Aduana 12 o 24 veces más.

Ya estábamos toda la tripulación en la Bambi on the Road en Centro América!
Regresamos a Panamá City a visitar a Giorgio que vive en esa ciudad desde hace muchos años.
Conocimos su departamento en el piso 32 con una vista privilegiada al Pacífico y una brisa buenísima. Giorgio nos dejó darnos una ducha y nos ofreció un vaso de té helado.

En la Ciudad de Panamá, conocimos la zona Turística de Amador con sus tres islas unidas al continente por una carretera de dos kilómetros con vereda para peatones y ciclistas, bancos para sentarse descansar y muchos restaurantes.

Dormimos nuestra primera noche en el estacionamiento de unos de estos restaurantes. Sentíamos la brisa del mar de los dos lados, de un lado se veía la ciudad de Panamá con el perfil de sus altos edificios y del otro lado el Puente de las Américas que domina el Canal de Panamá y la fila de barcos esperando su turno para cruzarlo.
La primera mañana al despertar conocimos a Sthephan, un alemán que vive en Panamá desde hace seis meses.
Nos invitó a tomar el desayuno en el Yacht Club de frente a donde nos habíamos estacionado para pasar la noche.

Stephan nos contó en inglés, que hace 5 años invirtió en el país comprando departamentos para poner en alquiler.
Nos explicó su punto de vista de lo favorable que cree es vivir en Panamá, dado que los impuestos son mucho más bajos que en Europa. También nos dijo que en la actualidad los precios de las propiedades subieron y ya no es más un gran negocio.
Al contarnos de sus aventuras como viajero, nos relató cuando corrió en su moto el Dakar y sobre su próximo viaje por Asia.
Nos regaló mapas de la ciudad, intercambiamos correos electrónicos y nos despedimos.

Nos fuimos a conocer la parte histórica de la ciudad y almorzamos en un restaurante italiano dos platos de spaghetti por 8 dólares.
La pasta estaba al dente y la receta era riquísima, ya que el cocinero panameño estaba entrenado y supervisado por la mirada atenta del dueño: Marco Casagrande.
Marco es un italiano de Brescia que llegó a Panamá junto a su mujer hace dos años, abrió este restaurante y le fue muy bien.
Charlamos un rato y nos dio muchos datos importantes a tener en cuenta si un extranjero quiere invertir en este país.
Recorrimos a pie el Casco Histórico y vimos su arquitectura colonial en pleno trabajo de rescate que está quedando muy lindo.

El 24 de octubre festejamos el 2do.cumpleaños de Charlie y nuestro segundo año de casados.
A Charlie le regalamos pelotas, gatos de peluches y un frisby y nosotros fuimos a festejar en el restaurante japonés Matsuei del cual es fundador el señor Julio Matsufuji que es primo de mi abuelo Julio Wataru Yamamoto.

Seguimos recorriendo y después de diez días en este País no me siento en condiciones todavía de emitir ninguna opinión profunda, pero sí tengo una primera impresión positiva.
Es un país que tiene como moneda el dólar.
Tiene su capital más segura de lo que vimos en las ciudades de Sur América y aparentemente no hay basura tirada por la calle.
La policía detiene a los taxis que salen del aeropuerto y que circulan por las ciudad ya con el pasajero adentro, para controlar que todo esté O.K.
Su gobierno comienza obras públicas como avenidas, calles, plazas, costaneras y las termina en breve tiempo.
Reciben una cantidad enorme de inversiones extranjeras con los cuales construyen lujosos edificios para vivienda y hoteles 5 estrellas.

Cuentan con mega centros comerciales que incluyen todas las grandes marcas reconocidas.
También se encuentran todas las marcas de electrónicos con variedad de modelos y con precios bajos, aunque Paolo se decepcionó bastante, por no haber encontrardo la misma variedad y precios de - por ejemplo - Ciudad del Este, en Paraguay
Se ven todas de las cadenas americanas de comidas rápidas, y hay 70 firmas de bancos.,
Hay muchos Cines, los supermercados están abiertos las 24 horas y las farmacias son enormes de varios pisos.
Tienen un fuerte ingreso de dinero constante con el Canal de Panamá.
Existen clubes náuticos nuevos con cantidad de lanchas. Muy pocos veleros.

Pero lamentablemente lo que todavía tienen que mejorar es el servicio: no están entrenados ni acostumbrados a atender bien al consumidor.
Tardan 15 minutos para entregarte una hamburguesa en la que se puede encontrar la lechuga en mal estado.
Uno pierde 20 minutos de su vida esperando en sector entregas que te envuelvan un D.V.D., pues padecen de ritmos extremadamente lentos.
Las bajadas de las autopistas están muy mal señalizadas, lo que te hace girar en círculos o pagar varias veces los peajes.
Y en medio de la ciudad entre los barrios nuevos y de clase alta se encuentran barrios muy pobres y según la misma policía, peligrosos.

Los colectivos para desplazarse por la ciudad no son de empresas, sino de personas particulares que van invitando a los gritos al pasajero a subir. No respetan horarios y conducen al ritmo conveniente según la cantidad de pasajeros que les falta para recaudar. Pueden tardar dos horas en realizar un viaje de media hora.
Si uno se queja su primera reacción no es disculparse sino justificarse agresivamente, no tienen miedo de perder el trabajo porque sobra.

Nosotros terminamos el mes de octubre, planificando el recorrido haremos en el mes de noviembre para conocer Panamá.
La idea es ver la costa Pacífica que está ubicada al sur del país y la costa del Caribe al norte.
Hasta el momento desde que empezamos este viaje en Mayo del 2008, hemos recorrimos más de 30.000 kilómetros y estamos muy lejos del punto de partida. Veremos cual será el punto de llegada.