The Travel
Buenos Aires - 2009-01
lunedì, febbraio 20, 2006, 08:04 PM - Ecuador

Se fue el 2008 un año intenso donde aprendí a volar en parapente y aprendí a caer. Encontramos a Charlie lo adoptamos y lo amamos. Mi prima Ivi se casó. Mi hermana Maisa se embarazó. Partí con mi marido de Buenos Aires en un viaje por Latinoamérica sin fecha de regreso. Viajé durante siete meses conociendo amigos y culturas diferentes.
Conviví 15 días con mi padre después de 30 años. Mi madre vino a visitarme a Ecuador.
Tomé el primer té de mi vida con mi abuela japonesa en su Club Japonés en Lima.
Volé en los lugares más lindos de Sud América y en uno de esos sufrí la primera fractura de mi vida.
Por otro lado, durante el 2008 mi hermanastra Fernanda no encontró nada mejor que hacer que seguir chusmeando con mi ex, un tristísimo personaje que no merece ni ser nombrado.
Debido al accidente en parapente, decidimos descansar en nuestra casita de Buenos Aires, entonces regresé a mi país y el reencuentro me nutrió el alma.
Los primeros de diciembre la temperatura en Buenos Aires era 15 grados más baja que en Ecuador, motivo por el cual Paolo se agarró una bronquitis que le duró 20 días.

Cuando nos sentimos un poco mejor comenzamos con nuestras primeras caminatas, reencontrándonos con nuestro barrio en el corazón mismo de Buenos Aires, entre el Congreso y la Casa Rosada.

Y con un poco más energía ampliamos nuestros paseos por San Telmo, Puerto Madero o Palermo. Este último está en su esplendor en esta época de calor con sus magníficos restaurantes y sus mesitas en las veredas.

Con nuestros amigos retomamos los almuerzos y charlas de horas que se prolongaban hasta la salida de la luna.

Que placer hablar con personas sensibles e interesantes sobre arte, viajes, y los asuntos profundos del corazón.

Compartir un sushi con los queridos e intercambiar relatos de los mejores momentos del año es una buena manera de festejar la vida.

Un café con Pan Dulce artesanal a cualquier hora del día es otra buena excusa para juntarse a compartir también, porqué no, los relatos de los peores momentos.

Los encuentros familiares tuvieron su lugar importante. Ante todo, cabe destacar, el cumpleaños de nuestra adorada Tía Quete, que es la más pendeja de la familia cumpliendo sus 81 años. Llena de vitalidad y simpatía es nuestro ejemplo de juventud.

Otro acontecimiento importante fue juntarnos a escuchar tocar el saxo a nuestro talentoso tío Blas Rivera, Kito para la familia, que presentaba su sexto disco, este último grabado por primera vez en Argentina.

Las chicas orgullosas nos sacamos fotos con el tío para el recuerdo, antes de verlo partir con su música a sus giras por el mundo, donde tiene un éxito arrasador.

Otro lindo motivo para juntarnos en familia fue para ver bailar a la tía Mónica con su grupo de Danzas Folklóricas Argentinas.

En un abrir y cerrar de ojos llegó el 24 de diciembre, una linda fecha donde las calles y casas se adornan con luces y árboles de navidad y todo el mundo se desea: ” FELICIDADES”.

Pasamos a saludar a la familia Muzlera, queridos amigos de mi familia, con los cuales siempre es un placer compartir lo que sea.

La Noche Buena la pasamos en la casa de mis tíos y tuvo su toque especial gracias a la iniciativa de Susi Muzlera de agregar un momento de aprendizaje a la fecha. Próximos a la media noche ella realizó la breve lectura de un texto referido al nacimiento de Jesús.
Representamos una divertida (y sui generis) Sagrada familia. Yo era María en versión japonesa, y su hijo Alejandro un improbable José.
Cabe aclarar que no soy católica, y en mi familia todos creen en algo diferente. Pero fue interesante compartir en armonía esta representación.

El tío Eduardo desempolvó su guitarra que hacía años no tocaba y se animó a musicalizar los villancicos de Navidad que todos intentamos….afinar sin éxito.

El resto de diciembre nos pusimos al tanto de los progresos de nuestra familia, conocimos por ejemplo la casa nueva de mi Prima Ivi y Lu.

Y los progresos de nuestros amigos, conociendo la casa nueva de Vero y Carlos. En ambos casos el denominador común fue comer el ASADITO preparado en su propia parrilla.

Por un rato jugué al rol de tía con mi única sobrina Delfina de 7 años. Es increíble con la facilidad los niños entablan amistad.

Empezó enero y llegó más calor. La Costanera Norte es un buen lugar para un picnic y recibir el nuevo año al aire libre.
Junto a Simonetta, Miguel y Paolo, nos tiramos en el pasto. Era tán lindo disfrutar la brisa del río, que nos quedamos hasta la salida de la luna mientras que los dos perros Charlie y Valentín, seguían jugando enredandose.

El Dakar pasó por Buenos Aires y la ciudad lo recibió con mucha euforia y el barullo se sentía desde el balcón de casa.
Miguel nos invitó en su estancia de campo en Uruguay. Nosotros teníamos que regresar en pocos días a Ecuador, pero dado que las condiciones de mi columna no me lo permitía todavía, cambiamos de planes y decidimos quedarnos en Argentina algunos días más.

Llegó el 16 de enero. En la misma fecha (16 enero 1974) nació Kate Moss. Ella decidió festejar por cuatro días, mientras que yo me conformé con dos. La primera noche fueron llegando a casa lindísimos amigos.

Entre picaditas cervezas, empanadas y vino seguían llegando más amigos, con los cuales pasamos una noche fantástica.

Charlando, riendo, y abriendo regalos Qué linda gente, que lindo cumpleaños!
Al día siguiente seguimos festejando con la familia. Más empanadas, más vino y más torta pero las mismas velitas.

Los restantes días de enero disfrutamos de “aquellas pequeñas grandes cosas”, como tomar el desayuno en un bar de San Telmo con café y medias lunas, ritual típicamente porteño, que nos hace sentir en casa.

Con Lili y Néstor compartimos charlas eclécticas: cuentos personales, política, trabajo y las novedades en 9 meses de ausencia.

El 24 de Enero fue nuestro último día en Buenos Aires y lo pasamos festejando el cumpleaños de mis primas Vero e Ivi. Fue una alegría estar allí para verlas soplar sus 29 velitas.

El día después a la mañana en el Aeropuerto los sentimientos se confundían, por un lado estábamos entusiasmados de retomar nuestro viaje y por el otro lado todos estábamos tristes de dejar los afectos. Charlie entró resignado en su jaula después de haber luchado en vano para no ser encerrado.
En los últimos momentos junto a mis primas y tía se me cerró la garganta y trataba de frenar las lágrimas del final se iban acercando…

A pasos del avión que nos llevaría de regreso a Ecuador, nos sacamos la última foto todavía en tierra argentina.

Viajamos durante 12 horas haciendo escala en Chile y atravesando las majestuosas Cordilleras de Los Andes.

Finalmente llegamos a Guayaquil preocupados por el tiempo que Charlie estuvo sin comer ni tomar nada. Corrimos hacia la cinta donde aparecen las valijas y Charlie, todavía enjaulado, al vernos aparecer lloró tímidamente no sabemos si de emoción.

Mirko y Loa, amigos argetino-ecuatorianos, nos fueron a buscar al aeropuerto. Y nos soportaron con amor en su casa la última semana de enero.

Nos reencontramos con nuestra camioneta, limpia y en perfecto estado. La primera noche no dormí y extrañé horrores, mi cama, mi casa, mi familia, mis amigos.

Pero día tras día me fui adaptando nuevamente a esta forma de vivir en viaje, con sus incomodidades y sorpresas. Sorpresas de conocer nuevos amigos interesantes como Patricia Puccini y su marido, el escritor Henry Raad.

O reencontrar de casualidad amigos como Antonio y Jahayra. Con los cuales pasamos nuestro primer día de playa y mar del año.

O la alegría de ser recibidos en casa de Fiore, disfrutando de su hospitalidad fuera de lo común y comiendo fresquísimos frutos de mar.

Empieza entonces la segunda etapa de esta aventura que completará Ecuador y tocará Colombia, Panamá y Costa Rica.
QUE LA BUENA SUERTE Y LOS BUENOS VIENTOS NOS ACOMPAÑEN!!!!