The Travel
Costa de Colombia - 2009-04
lunedì, April 20, 2009, 08:05 PM - Colombia

Dicen que algunos pasos dados por la familia pueden funcionar como modelo. En la mía, muchos caminaron de ciudad en ciudad, de país en país y de continente a continente.
Mis bisabuelos maternos, por ejemplo, oriundos de las Islas Baleares, viajaron a comienzo del siglo XX, desde Maiorca, para vivir en la Argentina.
Mis abuelos paternos se trasladaron desde Japón para vivir en Perú.
Mis abuelos maternos vivieron en Bolivia, luego regresaron a Argentina. Mi abuelo al separarse vivió durante 20 años en Estados Unidos, actualmente vive en Argentina.
Mi papá en los años 70 llegó desde Perú para estudiar en Argentina y actualmente vive en Bolivia.
Su hermano, mi tío, se trasladó a trabajar en Japón, más tarde regresó a Sur América.
Mi mamá vivió en Lima, luego regresó a Argentina.
Mi prima Pamela trabajó en Japón, y actualmente ahora vive en Los Angeles y mi hermano Diego, de Bolivia consiguió una beca en Miami.
Mi tío Blas, de Córdoba emigró hacia Boston, más tarde se radicó en Río de Janeiro y actualmente vive en Madrid.
Y como último ejemplo para no seguir con la lista que me llevaría más renglones: mi tía, Mónica, se casó con mi tío Eduardo un salteño que se fue a estudiar a Córdoba y actualmente viven en Buenos Aires desde hace 30 años.

Y continuando en sintonía con los pasos de mi familia, me enamoré de un viajero italiano y estamos en movimiento desde hace 12 meses y no sabemos por cuantos meses más. Una de las cosas lindas e inesperadas de este viaje, fue justamente ir reencontrando a los familiares desparramados por Sur América.
Sería lindo "cruzar el charco" (el mar), y seguir completando las ramas y las raíces del árbol.

Mientras tanto el mes de abril recorrimos un poco más de ésta colorida Colombia. En la costa norte sobre el Caribe desde Cartagena de Indias hasta Ríohacha hay 370km. Se pasa por las ciudades de Barranquilla, Santa Marta y por pueblitos precarios como Palomino, Dibulla y Mingueo. Estos pueblitos tienen los servicios básicos sin resolver como la recolección de basura, falta de agua, cloacas y electricidad.
Se pasa por las ciudades de Barranquilla, Santa Marta y por pueblitos precarios como Palomino, Dibulla y Mingueo. Estos pueblitos tienen los servicios básicos sin resolver como la recolección de basura, el agua, las cloacas y la electricidad.

Es impresionante salir de una ciudad rica y a los pocos kilómetros entrar en pueblos sobre la ruta, extremadamente desprovistos. En estos pueblos sobre la ruta, atravesados por ríos y muy próximos al mar, la mayor parte de la población es mestiza de piel oscura con antepasados afro y entre ellos se pueden encontrar algunos indígenas Wayú, que bajan a pie desde las Sierras Nevadas de Santa Marta. Ellos se diferencian del resto por sus túnicas blancas de algodón, sombreros cónicos y morrales artesanales tejidos a mano.

Colombia en las grandes ciudades se muestra como un país con muchos recursos, donde la crisis mundial no parece rozarla.
La economía del país históricamente se sostiene con la producción del café y las bananas. mientras que todo el mundo conoce la verdadera fuente del fastuoso desarrollo de ciudades como Medellín y Cali, Cartagena y Bogotá.
Lamentablemente afuera de estas ciudades la pobreza intensa se impone y éste grotesco contraste lastima el equilibrio de los sentidos.
Pero, más allá de las diferencias sociales, el denominador común en cada rincón del país es la simpatía de su gente.

Al comienzo del mes de abril entramos a Barranquilla, una ciudad en pleno desarrollo. Tiene un sistema de numeración de calles y carreras con letras que se mantiene en todo el país. En teoría es un sistema fácil, pero en la práctica es confuso.
Apenas llegamos nos conectamos por teléfono con la familia Álvarez: Ricardo y Yolanda que son los padres de nuestra amiga colombiana Adri, casada con Massi, un amigo italiano de Paolo.
Ricardo y Yolanda viven en una casa grande de un lindo barrio al norte de la ciudad, la zona rica de Barranquilla, con sus hijos Sofía de 14 años, Ricardo David de 4 años y su perra labrador.

Desde el primer momento nos demostraron un gran afecto, y a pesar de la reciente operación de Yolanda, nos ofrecieron hospedarnos en su casa.
Compartimos con ellos la vida cotidiana: sus desayunos con fruta, jugos naturales, y arepas (tortitas de maiz), así cómo sus almuerzos caseros con sancocho (sopa de porotos y carne de cerdo).
Por las noche nos divertimos con jugando a las cartas, y hasta logré ganar (con ayuda) al Rummi-Q.
Gracias Adri y Massi, gracias Yolanda y Ricardo!

Pasada una semana decidimos continuar viaje, pero un pequeño problema en la Bambi, nos detuvo dos días más. El tremendo calor de 35 grados, favoreció un cortocircuito en el sistema del levanta vidrios de la puerta del chofer.
Esa mañana estábamos tomando el desayuno cuando nos llamaron por teléfono desde el estacionamiento avisándonos que nuestra camioneta se estaba incendiando. Temiendo la peor catástrofe, salimos inmediatamente hacia el lugar de la tragedia.
Minutos antes un señor, al notar la patente de Roma de la Bambi, se acercó a curiosear, vio el humo saliendo por la ventanita del techo y reaccionó rápidamente agarrando su mata-fuego, rompiendo la ventanilla y controlando la situación. Más tarde se presentó: su nombre casualmente era Ángel. Este ángel nos salvó la Bambi del fuego.

Maribel, la dueña del estacionamiento, nos ayudó a limpiar las cenizas. Reparamos el vidrio y lo polarizamos (el vidriero se llamaba Gabriel), visitamos al electricista (Miguel). Gracias a nuestros ángeles, continuamos el viaje con una enorme emoción de poder seguir teniendo sana y salva a la Bambi para ésta aventura.
El viernes de Semana Santa llegamos a Taganga un pueblito de pescadores a 100km de Barranquilla. Estacionamos en el restaurante de Jimmy, un amigo de Ricardo que nos estaba esperando.
Jimmy no preparó un almuerzo de pescado fresco, arroz con coco y con patacones, ( bananas trozadas y fritas). Casi todas las comidas se acompañan con patacones y arroz.
Jimmy se portó re bien con nosotros, nos cuidó mucho de la inseguridad del lugar.
Gracias Jimmy!!!

Más tarde reencontramos a Derek, nuestro amigo americano, que ya estaba allí desde hacía 10 días y conocía los lugarcitos más tranquilos y las playas más alejadas. Con él compartimos paseos, comidas, y charlas muy interesantes.
Finalmente nuestros caminos se abrieron, nosotros continuamos por la costa y él viajó a San Gil, en la montaña. No creo que lo volvamos a ver en Colombia, pero seguro un día cumpliremos nuestra promesa de irlo a visitar a Miami.
Hasta pronto Derek!

Taganga, los fines de semana, está repleto de gente. Su geografía de montañas con vegetación seca, no permite que corra una gota de aire ni que la temperatura baje, literalmente es un horno. Por este motivo me sentí muy descompuesta de calor.
Buscamos alguna hostería , estaban todas repletas y al doble de precios que en el resto del año.
Un chico holandés muy mala onda que se llama Edwin Witjes dueño de Casa Holanda, es sólo uno de los muchos que se aprovechan del turista. Si dan una vuelta por Colombia y pasan por Tanganga, les aconsejo evitar esa hostería.
Finalmente encontramos una habitación y nos quedamos descansando sumergidos en la piscina todo el día.

Al atardecer, ya recuperados, recorrimos la calle principal de la costanera de éste pueblito de pescadores transformada en lugar turístico. Encontramos una la oferta variada para el consumidor: desde jugos de frutas naturales, artesanías, cursos de buceo, paseos en lancha, cervezas, hasta marihuana y cocaína.
Nos despedimos de Jimmy y seguimos hacia Mingueo donde nos esperaba su hermano Poncho que trabaja en la Estación de Servicios de Ricardo Álvarez. Recorrimos los siguientes 100km en la provincia de Magdalena de rica vegetación y una vista magnífica hacia el Mar Caribe.
Poncho (que en realidad es el presidente Barack Obama en incognito por tierras sudacas) nos recibió con mucha amabilidad y bajo el pedido de Ricardo nos llevó a recorrer la Guajira y sus playas.

Dormimos tres noches dentro de la Bambi en la Estación de Servicio de Ricardo. Durante el día seguíamos recorriendo la zona.
Poncho nos presentó a Tomás, que tiene un restaurante sobre la ruta. Delante de su parador hay un retén militar, como unos de los tantos que existen desparramados a lo largo y ancho del país. Después de almorzar, salimos con él a conocer sus tierras.
Nos acompañaron dos militares armados, que cuidaban nuestras espaldas. Según nos contaba Tomás, quien hospeda a un retén militar necesita protección.

Y nos continuó contando que en un tiempo no tan lejano, sus tierras fueron usurpadas para esconder laboratorios clandestinos de cocaína. Cuando le pregunté si lo denunció, me respondió en vos baja, que esas cosas no se pueden denunciar. Me explicó que está repleto de buchones encubiertos que ponen en riesgo la vida.
Durante el paseo vimos que logró sacar esos laboratorios clandestinos de sus terrenos y lo hizo de una manera pacífica e inteligente: permitiendo a los campesinos cultivar gratuitamente su tierra con camote (papa dulce), y de esa manera al despejarse la zona, los narcotraficantes se van corriendo solos en busca de campos más cerrados donde camuflarse y pasar desapercibidos del control aéreo.
Durante este recorrido Poncho nos acompaña con sus llamadas para enterarse si todo anda bien.
Gracias Poncho!!

Retomamos la ruta y recorrimos 70km hacia Riohacha, última ciudad al este de Colombia casi en la frontera con Venezuela, para encontrar un supermercado y abastecernos de agua mineral, alimento en latas, arroz, frutas y verduras.
Nos encontramos con una ciudad espantosa, sólo la costanera tiene unas cuadras dignas con artesanías indígenas en las veredas. Claro que no esperes encontrar ni un bar para tomar un café con un baño decente.
Estacionamos en un lugarcito a orilla del mar. Después de jugar con Charlie, cocinamos unas arepas (nuestra comida preferida en Colombia). Mientras mirábamos la bola de fuego anaranjado caer sobre el mar, Paolo tocaba su guitarra.

Al día siguiente regresamos hacia el oeste, el objetivo era Santa Marta. En el camino levantamos a dos mochileras artesanas: una cordobesa y una suiza, que venían de la frontera con Venezuela para prorrogar su permiso de estadía. Las alcanzamos hasta el camping donde estaban parando, en Palomino. Nos agarró el atardecer y nos quedamos allí a pasar la noche.
Marta la dueña de camping nos recibió con mucha simpatía junto a su marido canadiense Chris.
En esos pocos kilómetros descubrimos varios lugares turísticos en pleno desarrollo. Algunos cuestan entre los 10.000 pesos por persona (5 dólares) durmiendo en una hamaca entre palmeras y otros 140.000 por persona (70 dólares), durmiendo en casitas prefabricadas.

Durante la década pasada el turismo colombiano se paralizó por la fuerte inseguridad sobre las rutas que generaba la F.A.R.C. Los que vivían de esto , abandonaron sus proyectos y los más afortunados se fueron del país.
Ahora con el presidente Álvaro Uribe, que tiene una política de mano fuerte con el terrorismo y focaliza la atención sobre la seguridad del país, se recomenzó a movilizar el turismo.
En éste momento los colombianos sienten una nueva oportunidad con la entrada de turistas e inversionistas extranjeros. Los precios de las propiedades y los terrenos que hace 5 años se encontraban por sumas razonables en éste momento están completamente inflados. Cómo si Colombia fuese Grecia.
A pesar del esfuerzo del gobierno para matar a las mafias, la costa Atlántica sigue sin los servicios básicos: agua, luz, gas, basurero, y cloaca que son todavía una rareza. Ni hablar de la costa Pacifica, que todavía ni tiene la seguridad resuelta, como para transitar.

Marta nos ofreció su terreno de 60 metros de playa y 3 hectáreas en total a 300.000 dólares, lo que nos parece una locura!!! Con mucha paciencia, en teoría se puede encontrar todavía algo accesible, pero en toda la costa que recorrimos el mar es agitado y amorronado, y las olas fuertes son un riesgo para mi columna en recuperación y que mi querido Doctor Antonio Sánchez me recomendó evitar.
Por otro lado la fuerza del mar va comiéndose las playas, que en unos años será más angosta aún de lo que es en este momento.
En fin parece que no es este el lugar paradisíaco que estábamos soñando. sobretodo a esos precios!

Caminando por la playa nos reencontramos con Analía y Gustavo, los argentinos que viajan con una perrita en su antiguo jeep Willy's y nos invitaron unos mates. Paolo, por la noche preparó una pasta al pesto que compartimos entre vivencias de viajeros.
Ellos como nosotros seguían buscando presupuestos para cruzar en barco carguero a Panamá y estaban un poco frustrados con la búsqueda por los precios excesivamente altos.
Ya tienen ganas de cruzar a Venezuela en busca otros presupuestos más económicos para cruzar a Panamá. Nos despedimos intercambiando objetos de utilidad y recuerdos.
Seguramente nos volveremos a encontrar con ellos.
Buen Viaje Analía y Gustavo!

Al día siguiente llegamos a Santa Marta, una ciudad pequeña y colonial sobre el caribe, con un puerto y casas antiguas con balcones de madera.
Su arquitectura recuerda la de Cartagena, pero todavía está menos desarrollada y seguramente menos turística. Los jueves llega algún crucero que descarga miles de turistas de Estados Unidos, por lo tanto, los precios están subiendo rápidamente y en pocos años alcanzarán a los de la más preciosa - y exclusiva y turística y carísima - ciudad de Colombia: Cartagena de Indias.
Los sábados por la noche se transforma en una babilonia, con bares llenos de gente, la música muy fuerte y los taxis que tocan bocina sin parar (y sin sentido cómo en Perú).

En rotundo contraste, los domingos y todos los días de 12 a 14 la ciudad muere completamente, los negocios cierran y la calle queda desierta de autos y gente.
El calor se mantiene alto hasta en las noches donde la temperatura llega a los 33grados a las 20hs. Ni les cuento de día con el sol que raja la tierra!
Charlie duerme todo el día con la lengua afuera y al atardecer resucita para pedirnos que los lo llevemos a jugar con el frisbee al mar.

Encontramos una linda hostería y nos hospedamos una semana, para disfrutar del aire acondicionado, el televisor, una cama grande y ducha todos los días. FRIA, en éstas latitudes no existen duchas con agua caliente.
Una mañana, camino a la oficina de la DIAN para pedir una prorroga del permiso de estadía para la Bambi, vimos estacionado un pintoresco colectivo Mercedes Benz con su cartel frontal que lo titulaba "EL BICHO LATINO" y su patente argentina.
Atraídos como imanes nos acercamos a saludar y obviamente Matu nos invitó a subir a su colectivo-casa- rodante.

Nos presentó a su mujer Shanti de Bélgica.
Ellos viajan desde hace tres años y piensan llegar hasta México. En Perú quedaron embarazados y en Ecuador nació Zaina que ya tiene un añito y algo.
Ellos también están buscando presupuestos para cruzar a Panamá. Llegaron hace unos días de Venezuela donde vivieron durante 8 meses y nos recomendaron con todo entusiasmo conocer ese país.
Ellos trabajaban cómo periodistas y ahora viajan muy gasoleros, vendiendo postales con sus fotos y ofreciendo pegar publicidad sobre el Bicho por trueque con diesel, comida, dinero.o pañales. Intercambiamos anécdotas increíbles de las vivencias difíciles que ahora nos hacen reír. Enseguida nos preguntan como fue para nosotros la convivencia.

Nos miramos y nos preguntamos como fue vivir en la Bambi juntos 24 horas, día tras día, semana, tras semana, mes tras mes. Y les respondemos que fue sin duda un año atípico e inolvidable, pasando frío, calor, lluvias, caminos de tierra, montañas, ríos, costa atlántica, pacífica y caribe, ciudades pequeñas y grandes, pueblos lindos y horribles, acantilados, cordilleras con nieve, lagos azules y congelados, puentes fuertes y precarios, resfríos, gastritis, accidentes y hospitales, amigos y peligros.

Un año lejos de la rutina, de los afectos, de nuestra casa, donde cada día nos enfrentamos con nuevos desafíos, personas, lugares, climas, comidas, estados de ánimo. Y por momentos nos cansamos de viajar y extrañamos nuestra cómoda casa, la familia y los amigos.
Un año donde vimos y compartimos muchos tipos de realidades, y prioridades. Un año que seguramente nos enseñó a valorar las pequeñas grandes cosas: cómo el agua, una sonrisa espontánea, la curiosidad y hasta la amistad más pura y desinteresada de quienes recién conocíamos.
También fue un año con un par de discusiones y lindísima reconciliaciones en el que fue un verdadero privilegio convivir juntos.

Matu nos pregunta cuales son nuestros planes futuros. Y justo en este momento donde se está cumpliendo un ciclo de 12 meses, les respondemos y nos respondemos que tenemos Plan A, Plan B y Plan C. Que estamos definiendo en éstos días y que podré contarles en el próximo capítulo. Y muy, muy posiblemente, sea el Plan D.
Sin duda, más allá de los modismos, las maneras de usar la lengua española, las costumbres, el cambio de las monedas y de los precios, la alimentación que varía, los gustos, la educación, los valores cívicos y morales que cambian con los lugares, hay algo sudamericano que nos conecta.
Gracias a todos los que formaron parte de estos 365 días de viaje.
Cada uno de ustedes sabe que en los momentos compartidos juntos nos permitieron tratar de mejorarnos como personas, ser más abiertos, sinceros y comprometidos.
Y gracias a los que continuaron leyendo mi bitácora y de esa manera se mantuvieron cerca de nuestro corazón para sostenernos con su afecto.